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Traducido del inglés al español
por R. Parducci y Antón Teplyy
© Antonov V.V., 2000
Nosotros hablamos todo el tiempo acerca del amor. Es imposible llegar a Dios sin aprender a amar a Su Creación y al Creador Mismo. El Amor es altruismo, es darse uno mismo. El verdadero amor no puede ser egocéntrico.
“El Amor a sí mismo” es perversión del amor. Y en el Camino espiritual no hay un lugar para fórmula: “¡Yo te amo, por eso perteneces a mí y sólo a mí, y ámame!”.
Nosotros podemos dominar el verdadero amor altruista en las relaciones sexuales y en la educación de los niños o a través de nuestro servicio a los demás en su lugar de trabajo (si nosotros consideramos nuestro trabajo como un servicio y no como un medio para ganar dinero y otros bienes materiales); e incluso en cada una de las situaciones cotidianas, por ejemplo, cuando yo estoy en una cola para hacer algo (comprar, pagar, etc.) y veo que otro necesita esto más que yo…
El amor como compasión, ternura, paciencia, disposición para el auto-sacrificio y demás es la base de la ética. Y el componente ético es el fundamento de una persona espiritual.
Y no solamente los líderes espirituales y otras personas pueden ayudarnos a aprender a amar, sino también las plantas, si queremos aprender.
¡Las planas también son los seres vivos! Y como todos seres vivos pueden sentir, e incluso son capaces de reaccionar emocionalmente. Las plantas son los cuerpos físicos con las unidades de la vida encarnadas en ellos, como nosotros somos.
Y hay que tratar con las plantas teniendo en cuenta esto, si queremos dominar el amor.
Las plantas son seres vivientes. Y nosotros podemos aprender a amar cada ser viviente, desarrollando en sí mismo la capacidad de amar emocionalmente. Mientras más objetos hayan los cuales nosotros hemos aprendido a amar, más amplio y perfecto nuestro Amor sea.
Pero hay también otra posibilidad del trabajo esotérico con las plantas.
Por ejemplo, cada planta, así como cada ser encarnado, tiene alrededor de su cuerpo una “envoltura” de bioenergía: así llamado “capullo”. Uno puede entrenarse en percibir los límites de los “capullos” con la mano, puede desarrollar clarividencia, esforzándose por aprender a ver los “capullos”. Y es más fácil ver el “capullo” de su propio “capullo”, si uno distribuye la conciencia en él.
No obstante, existen también otras posibilidades muy interesantes. Así, para entrenarse en percibir sí mismo no como un cuerpo, sino como una conciencia, podemos convertirnos en los árboles. Para esto tienes que acercarte a un árbol, poner la espalda al tronco, sintonizarte con el árbol en el amor emocional y a través de la espalda entrar como una conciencia en el cuerpo del árbol. Entonces puedes fácilmente sentir, digamos, como un pino mismo, y mirar al mundo alrededor desde su cuerpo, como con su mirada. En este caso mi “yo” desaparece.
Es muy importante aprender a desaparecer. Hay otra manera opuesta de algunos escuelas ocultistas y de magia negra: de cultivar su “yo”: “¡Yo soy el amo sobre todo aquí! ¡Yo voy a mandar! ¡Todos tienen que respetarme!...”. Al contrario, en escuelas religiosas sanas cultivan la humildad, la percepción humilde de uno mismo. ¡Y esto no es una meta dogmática! Esto tiene un significado profundo. Sólo en este momento cada uno de nosotros podrá unirse con Dios, terminando victoriosamente su evolución personal, cuando aprenda a ser “nada”, aprenda a desaparecer en Dios: desaparecer para llegar a ser Él.
Uno no puede “irrumpir” en Dios, sino solamente desaparecer en Él. Por eso, la etapa de Nirodhi en el buddhi yoga precede las etapas del Nirvana en Ishvara. En Nirodhi uno aprende a cambiar el estado de su “yo” por el estado de “no yo”. Para entrar en Dios, mi “yo” debe “morir”.
Hay que recordar bien todo esto desde el inicio del Camino, cuidándose por todos los medios del incremento de la arrogancia, orgullo, egocentrismo en sí mismo. Si no más tarde será muy dificultoso vencer esto.
Y más, con la ayuda de las plantas, podemos refinar a nosotros mismos a través de sintonizarnos con ellas. Existen especies diferentes de su índice de “sutileza-grosería” entre las plantas. Así, el roble es la especie energéticamente más grosera de todos los árboles de la parte norte europea de Rusia. Mientras que de los pinos, abetos y abedules (precisamente, del abedul blanco) y de algunos álamos podemos aprender mucho.
El que fácilmente entra en los estados energéticos groseros y no puede eliminarlos, no puede llamarse una persona espiritual. Pero los árboles mencionados anteriormente siempre mantienen su calma y sutileza.
La actividad bioenergética de un árbol depende de la estación. Así, los abedules nos regalan su sutileza más intensamente en la primavera, en el período del movimiento activo de la savia. Es mejor trabar con el pino en el verano, cuando hace calor, y con el abeto, durante el período frío del año.
Hay también diferencias bioenergéticas entre las plantas de una especie.
Así, las plantas que crecen en condiciones desfavorables, por ejemplo, en espesura del bosque o con la humectación inadecuada de la tierra y así sucesivamente, son bioenergeticamente más débiles. Y al contrario, los árboles que crecen en el espacio abierto normalmente son sanos y llenos de energía.
Y en conclusión de esta conferencia, hablemos sobre la ética de las relaciones con las plantas.
Algunos especialistas en bioenergética han empezado a fantasear que algunos árboles nos dan energía, mientras que otros la toman, por eso de los primeros uno debe alimentarse y de los segundos, cuidarse, como de los “vampiros”. Estas fantasías nacen, incluso, debido a la escasez de la información que uno puede obtener a través del cuadro de biolocación y péndulo a distinción de la posibilidad de entrar en las relaciones armónicas del amor emocional con las plantas, uniéndose con ellas con la conciencia.
En realidad no hay plantas que “succionan” la energía de los hombres. Y tampoco nosotros tenemos el derecho ético para usar como consumistas la energía vital de otros seres vivientes.
¡Permítanos enfatizar esto! Este es el punto principal de la ética espiritual. ¡No hay ningún lugar para el consumismo en el camino espiritual! ¡Hay sólo lugar para el amor que da, para el amor-armonía!
La persona espiritualmente avanzada establece las relaciones del amor con las plantas. Vamos a acercarnos con el amor a un árbol, sintonicémonos con él en la armonía de las emociones sutiles, regalemos a él nuestro amor- ternura, y entonces él responderá con su amor.
Solamente siempre y cuando se encuentran dos seres que dirigen el vector de su amor no hacia sí mismo, sino hacia el otro, solamente entonces llega una armonía verdadera entre una persona y una planta, entre dos personas, entre una persona y Dios.
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