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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
El comienzo de esta vida
 

Cómo conocer a Dios/El comienzo de esta vida


El comienzo de esta vida

«Existe un toque transformador que Dios da al alma, tras este, la vida anterior de pecados y vicios se vuelve imposible e impensable para esa alma. A esto se le llama —la hora de la verdad—.»

Apóstol Marcos [6]


Nací en una familia atea bastante «normal» para aquellos tiempos en nuestro país*, aunque muy unida y llena de amor y respeto mutuo.

La única creyente en la existencia de Dios era una de mis abuelas. Recuerdo su firme convicción de que —la iglesia es una cosa y Jesucristo y Su Enseñanza son algo completamente diferente—. Ella creía en Jesús pero no en curas ni sacerdotes.

Para ese entonces yo no era creyente. Era una «buena niña» atea perfectamente acorde a mi entorno*.

Mas la imagen de Jesús, gracias a mi abuela, quedó grabada en mi memoria…

Y cuando estando en noveno grado, leí por primera vez una Biblia que me prestaron por unos días y que en ese entonces estaba prohibida* —los Evangelios me conmovieron profundamente—.

Mas… mi reacción infantil fue: «¡Qué lástima que todo esto sea un cuento! ¡Qué maravilloso sería si fuese real!…»

Todavía me tocaría mucho que leer y comprender antes de entender la Existencia de Dios.

…Cuando finalmente esto ocurrió, ya siendo adulta, acepté el bautismo por voluntad propia.

Para ese momento, ya no tenía dudas de que Dios es Uno, y que simplemente las creencias religiosas de los diversos pueblos solo reflejan formas distintas de venerarlo. Y dado que vivía en Rusia, esto funcionó para mí gracias a la Ortodoxia Rusa.

* * *

Dios está constantemente haciendo un llamado a nuestros corazones. Solo hace falta… abrirle la puerta de nuestro corazón espiritual.

Cuando esto ocurrió conmigo, Dios se apresuró a hacerme el mayor regalo de mi vida: ¡un Maestro encarnado vivo!

Pero yo… aún no estaba lista para reconocerlo… Estaba bastante satisfecha con mi vida, me consideraba creyente y no veía la necesidad de buscar nada más allá… Más aún, ni siquiera sospechaba la existencia de tal posibilidad…

Dicen que cuando el discípulo está listo, llega el Maestro. Pero si el discípulo aún no está del todo preparado, si no reconoce al Maestro y ni siquiera quiere transformarse en discípulo…, entonces las cosas no ocurren tan fácilmente… Dios es así llevado a presentarse bajo otras formas…

Sucedió así:

En aquel momento trabajaba en el estudio de cine «Lenfilm»* como diseñadora de vestuario. El guion de un nuevo proyecto que iniciaba, era una parodia atea sobre la creación del mundo. Tras resolver que yo no podía ser participe en la creación de una película que ridiculizaría la idea de la Existencia de Dios y siendo ese proyecto inadmisible para mí, mantuve silencio por un tiempo sin atreverme a anunciarlo públicamente ante el resto del equipo todos ateos. Pero finalmente me decidí y me negué a participar en el trabajo, diciendo honestamente en voz alta la razón de mi negativa:

«¡Lo siento mucho, pero yo sí creo en Dios!»

Así, logré superar lo que yo no sabía era una pequeña prueba.

¡Y los milagros comenzaron a sucederse de inmediato! Al día siguiente me ofrecieron trabajar en otra película. Donde pronto… Vladimir Antonov fue traído directamente hasta mi oficina de vestuario por una asistente de actores que lo conoció por casualidad, y logró convencerlo con sus súplicas de que participara en un episodio de la película.

En ese momento, ni siquiera sospechaba cuánto esta reunión cambiaría mi vida. Pero inesperadamente, cada palabra y cada pensamiento de ese encuentro quedó grabado en mi memoria —como impresos en una película que se repetiría dentro de mí en cámara lenta—.

Al principio, cuando entró, no noté nada en especial, solo su ropa vieja y desgastada, pasada de moda, aunque impecablemente limpia. Incluso pasó por mi mente el pensamiento: «¡Cuando la gente viene a lugares como estos, podría vestirse un poco mejor!» Más tarde, me sentí muy avergonzada por ese pensamiento…

Mientras íbamos y veníamos del taller de costura, Vladimir me dijo que justo ahí, en el quiosco del vestíbulo del estudio, estaban a la venta sus libros.

Tras lo que pensé: «¡Qué de gente extraña hay en el mundo!… Y en los estudios de cine los encuentras mucho más a menudo…»

Nos despedimos hasta el rodaje, y yo seguí yendo y viniendo al trabajo, pasando por el frente de ese quiosco con sus libros… Y siempre estaba «tan ocupada» que ni siquiera me acerqué a ojearlos…

…Llegaron los días del rodaje, pero cuando desde las 7 a.m. vistes a 500 personas con trajes de la época de Pedro I, tu atención definitivamente estará dispersa. Mas no obstante, aun así, noté que Vladimir esta vez vino con una chaqueta vaquera y jeans. Por alguna razón, de repente me sentí muy contenta —como si lo hubiera hecho por mí—… Su calidez y ternura me envolvieron, sentí el Amor y la Paz que emanaban de él. Todo esto quedó grabado en mi ser como algo muy significativo…

Pero seguí apresurándome, tenía tantas «cosas que hacer»: ajustar los trajes de todos, verificar que todo correspondiera, etc.… Y cuando al fin él se acercó a hablar conmigo, seguía acelerada y como por inercia quería correr a algún lado a hacer algo… Pero él me detuvo tomando mis manos en las suyas para hablarme muy suavemente… Yo no entendía muy bien qué estaba ocurriendo pero dejé que sucediera…

…Fue así como Dios bajo otra forma me mostraba de nuevo a mi futuro Maestro.

…Tras este encuentro, durante todo un año, leí y releí sus libros… Y cuando todo se volvía difícil, doloroso, y al revés, me reconfortaba con la idea de que justo allí, en esa misma ciudad, no muy lejos, vivía esta persona que conocía a Dios y que encontrándose conmigo, me había tomado de las manos…

* * *

Antes de ese encuentro, nunca me esforcé por leer ninguna literatura espiritual. Ese tipo de libros llegaba a mi vida de vez en cuando… como por sí solos. Los leía, los analizaba y construía, a partir de lo que me parecía cercano a la verdad, el fundamento de mi cosmovisión. Así, los «ladrillos» que iban formando la base de mi perspectiva se alternaban con espacios vacíos con signos de interrogación. Mas no intentaba buscar respuestas a esas preguntas por mí misma, solo me alegraba mucho cuando las respuestas aparecían como por sí solas y llenaban esos espacios vacíos.

Mas a través de la lectura de los libros de Vladimir, se me fue mostrando rápidamente una base construida en su totalidad —sólida, real, organizada—. Así, todo lo que antes fuera mi recopilada cosmovisión del mundo —terminó en comparación siendo un boceto en papel rasgado lleno de defectos— frente a un edificio completamente construido, gigantesco, estable y real. ¡Siendo a su vez el edificio que precisamente yo misma sin saber intentaba construir!

Acepté fácilmente todo lo que Vladimir había escrito. Encontré todo lo que me faltaba y mucho más de lo que ni siquiera había comenzado a sospechar. Leía y releía ávidamente sus libros uno tras otro. Lo más valioso y legítimo de todos los conceptos religiosos estaba bien recopilado, explicado y analizado en ellos de la manera más cuidadosa. En la forma más accesible para la comprensión, se exponían los conocimientos superiores sobre el Creador, sobre el sentido de la vida humana y los caminos para realizar ese sentido. Solo quedaba de mí leer, comprender y absorber esos conocimientos.

¡Todo lo que iba leyendo era grandioso y profundo pero al mismo tiempo… a mi alcance! En esos libros no solo se habla de cómo y para qué Dios creó todo en el universo y según qué leyes de Su Existencia todo se desarrolla, sino también qué es lo que se deriva de esto, es decir, —qué debe hacer cada uno de nosotros, personas encarnadas por Dios en el planeta Tierra—.

Y mientras me analizaba según los esquemas de tipos psicológicos de las personas presentados en los libros de Antonov, por mucho que lo deseaba, no podía hallarme en ninguna de las cimas de esos psico-tipos humanos. ¡Mis imperfecciones, en toda su belleza y plenitud, de repente caían sobre mí! Al entender que aún no estaba lista para un trabajo espiritual verdadero, me puse a trabajar en por lo menos cambiar en mí todo lo que no correspondía a las normas éticas propuestas por Dios.

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