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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Primer viaje a un lugar de poder
 

Cómo conocer a Dios/Primer viaje a un lugar de poder


Primer viaje a un lugar de poder

Y así, nuestra primera salida tuvo lugar el 8 de marzo*. No puedo decir que esa fecha festiva significara algo especial para mí, pero aun así fue simbólica. Por ironía del destino, precisamente ese día ocurrió la sacudida de mi brillante «forma humana» femenina. Con ello se trazó, por así decirlo, una línea que separó mi vida anterior de la nueva.

Educada en «las mejores tradiciones» de nuestra sociedad, con diploma de diseñadora de moda, —hasta este día— no podía salir de casa si la longitud del abrigo no armonizaba con la altura del tacón, si los guantes no hacían juego con la bufanda, si no llevaba los labios pintados o no estaba maquillada…

¡Y así, un día festivo a las 7 de la mañana salí de casa con mi vatnik, pantalones de lona (toda la mañana intenté inútilmente alisarlos con la plancha), botas de goma, y con una mochila gastada al hombro! Me deslicé bajo las ventanas de mi casa procurando que los vecinos no me vieran…

¡Sentía que llevaba puesto… un disfraz de carnaval!

Camino a la parada del autobús solo pensaba: «¡Ojalá que no me encuentre con algún conocido!». Aunque me preocupaba en vano, porque incluso si me hubieran visto, simplemente no me habrían reconocido.

Mas tan pronto como llegué a la parada donde se encontraba nuestro grupo y los vi, todo volvió a su lugar. Todos estaban vestidos igual que yo… resoné con ellos, «caí» en el anahata súbitamente y todos mis problemas se evaporaron por sí solos…

…¡Nunca olvidaré nuestro primer viaje! Fuimos al lugar preferido del Divino Maestro Asiris.

Nunca vimos Su Rostro, porque siempre se presentaba ante nosotros como una enorme bola de Luz, como un Anahata Divino. Asiris nos contaba a través de Vladimir, que lo conocían y veneraban los antiguos asirios, y que hace muchísimo tiempo sostuvo Escuelas en el territorio de la antigua Rusia precristiana.

Me asombró que el lugar de poder no estuviera en algún lugar inaccesible del bosque, sino justo en medio de un camino forestal bastante amplio, por donde comúnmente pasaba la gente… Pero todos ellos, como antes yo, pasaban por aquí concentrados en sus propios pensamientos, pensando incesantemente en algo, recordando el pasado o fantaseando con el futuro… Pero Dios vivía «aquí y ahora», y para sentirlo hay que simplemente «flotar» sobre la superficie de la Tierra como conciencia pura y libre…

Por supuesto, ese día no obtuve clarividencia ni oí ninguna Revelación. Simplemente jadeaba y me esforzaba con todas mis fuerzas por sentir al menos los bordes del lugar de poder, por ver o sentir a Asiris aunque fuera «con el rabillo del ojo».

… Después de trabajar en el lugar de poder, comimos junto al fuego y luego retornamos lentamente por ese camino hacia la parada del autobús.

Iba caminando y no entendía qué me ocurría. ¡Nunca antes podía imaginar que un paseo ordinario por el bosque pudiera brindar tanta felicidad! Miraba alrededor y no reconocía el mundo habitual. ¡Todo era… diferente… el bosque era otro, el Sol otro, la Tierra otra —cariñosa, viva, hermosa—!… Todo era nuevo, desconocido, envuelto en una atracción extraordinaria. No sabía que simplemente se podía pasear por la Tierra, sin apresurarse, sin correr, sino simplemente caminar —caminar «por los senderos del Amor—»…

Precisamente ese día descubrí lo qué realmente era la alegría interior —una alegría que no tiene otra causa más que el amor, ¡el amor a todo y a todos! El corazón se me desbordaba de felicidad porque amaba a todos, a estas personas que me llevaron consigo, a esta nieve que brillaba bajo los rayos del Sol, a este bosque que empezaba a albergar la alegría primaveral de los pájaros…

Las emociones que me inundaron en el bosque no me abandonaron ni siquiera al llegar a casa. Llegué, hablé con los míos, cené, acosté al niño, pero todo ese tiempo sentía que yo —la verdadera yo— seguía flotando en aquel mismo espacio de alegría y amor… Y feliz, me quedé dormida.

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