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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Mis «gafas rosadas» y encuentros con el mal
 

Cómo conocer a Dios/Mis «gafas rosadas» y encuentros con el mal


Mis «gafas rosadas» y
encuentros con el mal*

Ver solo lo bueno en todo sin notar lo malo y vivir como si el mal no existiera en absoluto, fue el modo de percibir el mundo que me caracterizó desde la infancia. Por un lado había algo positivo en esto ya que —amaba a todos por igual—, porque cuando miras la vida a través de «gafas rosadas», amar es muy fácil… Pero este «defecto de la cosmovisión» no resultaba satisfactorio para Dios, ya que —no es posible erradicar el mal si uno no lo ve— y no es posible ayudar a otros en esto…

«El mal solo puede ser arrancado cuando lo discernimos. Si cada quien permanece ignorante de la maldad, seguirá ésta echando raíces en la oscuridad… La ignorancia de la maldad es la base de todo lo malo en nosotros», Apóstol Felipe [6].

Yo estaba lista para lidiar con mis propios vicios, luchar contra ellos, erradicarlos y en esto —a Dios le resultaba bastante fácil educarme—. Pero… lograr ver que el mal existe fuera de nosotros y que la incomprensión de esto y la negligencia al respecto podían llevar a una desgracia —era más complicado de ver para mí—…

Y Dios se dispuso a explicármelo.

Por ejemplo, yo creía que si amaba a los perros y no les temía, ningún perro me mordería nunca. Así, un día iba caminando llena de amor y alegría, cuando un perro se abalanzó sobre mí y me mordió. Y su dueño, ebrio y malicioso, estaba sentado en los escalones de una tienda disfrutando de mi escena de horror…

Concebir que había personas mucho peores que los perros más salvajes y que no necesitan de motivo alguno para hacerle daño a los demás… —era algo que apenas cabía en mi comprensión del mundo—…

Vladimir, a menudo nos mostraba la realidad de la historia política y la actualidad de nuestro país Rusia, y yo intentaba comprender que las palabras de la canción: «¡Ancha es mi patria… donde el hombre respira grande y libremente!»* —no reflejaban la verdadera situación—. También nos comentaba acerca de la inquisición «cristiana» y de la historia de las perversiones en otras corrientes religiosas, de las cuales yo siempre había pensado únicamente cosas buenas… claramente conociéndolas solo superficialmente. Cada vez que mi entendimiento abarcaba más estas comprensiones, sentía como si me escaldaran la piel con agua hirviendo y luego me la arrancaran. Era cómodo y gratificante amar una fantasía dulce pensando: «¡qué maravilloso es todo a mi alrededor!»…

Así, Dios buscaba la forma de que —me llegara la comprensión sobre esto— sin tener que forzarme a sobrellevar una tragedia en el plano de mi vida cotidiana. Me mostraba todo de cerca, pero como de lado. Intentaba enseñarme a ser precavida, sin sacrificar la ternura de mi juventud…

…Recuerdo una vez, durante un paseo con un grupo turístico, yo paseaba sola por las montañas… Al igual que con los perros, tampoco temía a las personas en absoluto. Disfrutaba del espacio y la belleza… cuando un hombre que se acercaba lentamente hasta mí, de repente, como un animal salvaje, me tomó del brazo con su enorme mano y me empezó a llevar consigo. No me asusté mucho y le dije que no quería ir con él; me parecía que eso era suficiente para que me soltara. Pero no me soltó y fue cuando me asusté. Al parecer él no esperaba encontrarse con un «ejemplar tan renuente» como yo. Así que entre jalones y resistencias, me llevó sin soltarme de la mano hasta el campamento turístico donde me dejó y me dijo como lo hiciera un padre —nunca más pasees sola, querida mía—… De esa lección de Dios solo me quedó un moretón en la muñeca…

Así, entre sustos, dolor y lágrimas, Dios me propuso tomar conciencia de las formas en que se manifiesta el mal en la Tierra. De la misma manera que mi cuidador montanés salvaje, apretando mi mano hasta el dolor, Dios me guiaba mostrándome lo que ignorantemente no quería reconocer y de lo cual —debía cuidarme—.

Me proponía adquirir la sabia prudencia de un guerrero espiritual. Me proponía que, viviendo y sirviéndole en este mundo, no amara a una «humanidad rosada imaginaria que no existía», sino que, viendo la cruda realidad con los ojos bien abiertos, me convirtiera en un Amor sabio y prudente. ¡Me proponía aprender a ayudar a todos en todo lo bueno, exactamente como Él lo hace, —pero también a ser cuidadosa con el mal de este mundo—!

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