Cómo conocer a Dios/Fuimos dejadas para trabajar independientemente
Fuimos dejadas para trabajar
independientemente
Ese invierno resultó muy frío, nuestras casas estaban heladas y solo se podía calentar uno el cuerpo con una ducha caliente. Pero cada mañana, venciendo nuestra resistencia, ignorando el frío y la oscuridad tras las ventanas, Anna y yo nos levantábamos y empezábamos el día con ejercicios espirituales como «despertar», «entregar», «cruz de Buda»…
¡Qué felicidad cuando lográbamos hacer bien algunos de los ejercicios! Antes de esto, percibía el mundo alrededor solo desde mis chakras de la cabeza, como hace la mayoría de la gente. ¡Pero ahora, cuando lograba descender al anahata, sentía paz y tranquilidad dentro y alrededor de mí! ¡Era tan nuevo, tan maravilloso! Quería compartir esta felicidad con todos…
Además, la parada del autobús que me llevaba al trabajo se convirtió en mi «plataforma de trabajo» para los entrenamientos. El autobús que me llevaba al trabajo, pasaba una vez cada cuarenta minutos con suerte. Y he aquí que Dios empezó a mostrarme pequeños milagros: tan pronto como llegaba a la parada, comenzaba la práctica y descendía al anahata, inmediatamente me era «traído» el autobús. ¡Ya hacía una semana que el autobús no se retrasaba, no se iba antes de lo previsto y no se averiaba!
Pero una mañana, tras descender al anahata, al minuto veo que el autobús empieza un lento y suave acercamiento a la parada… Todos los pasajeros que lo esperan dieron un paso adelante seguro y vigoroso. Pero en ese momento se coló en mi mente un pensamiento: «¡Vaya, que estoy inventando! ¡Aquí no hay milagro alguno! Simplemente el autobús va en horario. ¡Y eso es todo!» Apenas asentí a este pensamiento intruso, el autobús aceleró bruscamente su movimiento, y sin abrir sus puertas pasó de largo frente a nuestra parada… Todos se quedaron tan estupefactos que ni siquiera insultaron al chofer de lo rápido que pasó todo, simplemente en silencio siguieron con la mirada el autobús que se alejaba…
Entendí que ahora seguramente llegaría tarde al trabajo, además me congelaría aquí en la parada otros cuarenta minutos… Pero me inundaban la risa y la alegría por el hecho de que reconocí Su Obra, vi Su Mano invisible, entendí parte del «estilo» de enseñanza que utiliza Dios Padre.
… Una de mis meditaciones permanentes era la meditación de Sathya Sai con una vela (está descrita, en el libro de Vladimir Antonov «Sathya Sai, el Cristo de nuestros días»). Sentía en el anahata la llama cálida y tierna de la vela, luego esta crecía, envolviendo cada vez más espacio, y se dispersaba en olas de amor y luz más allá, más allá, más allá… Recordaba a mis conocidos e intentaba llenarlos también con esta luz. Con estas prácticas, surgieron en mí estados de unión, amor, paz, armonía…