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Cómo conocer a Dios/Puesta a prueba por Huang Di Puesta a prueba por Huang Di«Cuando vengas a Mí, debes venir dispuesto a morir». Juan Matus [27] Don Juan Matus le explicó en una ocasión a Carlos Castaneda lo que aquí resumo: «El aprendizaje nunca trae lo que uno espera… El propósito se torna un campo de batalla… Y allí se encuentra con un poderoso enemigo, el miedo… Y si el discípulo asustado, huye, este enemigo habrá terminado con todas sus aspiraciones…»* [6,27]. … Comenzaba una nueva etapa de nuestro trabajo: salidas constantes al bosque, nuevos lugares de poder, nuevas meditaciones, nuevas sensaciones, encuentros inolvidables con los Maestros Divinos que aprendíamos a sentir, a ver, a oír. ¡Eran tantísimos! Y Cada Uno aportaba Su matiz inimitable de Amor y nos regalaba Sus meditaciones predilectas… Cuando empezamos a trabajar con los estratos «al otro lado del espejo» del Absoluto, Vladimir nos presentó al Divino Huang Di. Desde las profundidades universales Huang Di se elevaba hasta los anahatas de nuestros cuerpos e introducía en ellas Su Rostro… Y luego —tras un salto de conciencia a Su Anahata Universal— el mundo material desaparecía para nosotros, nos sumergíamos en el mundo del protoprakriti, para luego aprender a hundirnos cada vez más profundamente —en la Insondabilidad del Amor del Creador—… Y así, un día fuimos a pasar la noche en el bosque para al amanecer poder escuchar los cantos primaverales de los urogallos. De esta salida no esperaba nada más que descanso y relajación. Pero Dios tenía otros planes para mí… Caminamos mucho tiempo por un camino vecinal. El cielo nocturno brillaba estrellado, a los lados se distinguían siluetas de árboles y se oía el zumbido de los cantos primaverales de las ranas… Empecé a meditar —y enseguida me cubrió una amplia ola de Ternura y Calma Divinas— había venido hasta mí Huang Di. Esperaba que Él, como siempre, abriría Sus Brazos Universales, me inundaría de Su Amor, me regalara una nueva meditación… Pero Él anunció que esta vez había venido para plantearme algo verdaderamente serio… «Te ofrezco una nueva etapa de trabajo, etapa que conlleva tu salida del plano terrenal. Si sientes que aún no estás lista para esto —corre a casa ahora mismo, mientras aún estés a tiempo—!… … Para tal giro de los acontecimientos sí que no estaba preparada… Lo sentí tan agudamente que no podía pensar en nada más que en la inmediata muerte de mi cuerpo. Una cosa es aprender a separarse del cuerpo en meditación: «imaginemos que el cuerpo ya murió… que ya no está… que el cuerpo es solo una envoltura… que yo soy solo un enorme corazón espiritual, conciencia libre de la materia, que existo independientemente del cuerpo… experimentémonos sin cuerpo…». En meditación, sí, cuantas veces sea necesario… pero hacer esto una realidad, ¡ay! ¡ay!… Aunque Huang Di no dijo ni una palabra sobre cuándo vendría este momento —creí al cien por ciento que la muerte de mi cuerpo sería forzada, si no esta misma noche, mañana—. ¡Y no meditativamente, sino totalmente real! Y Huang Di todavía «echaba más leña al fuego», recordándome los relatos de Vladimir sobre cómo en los días festivos era peligrosísimo caminar en la noche por caminos rurales: peleas, puñaladas, borrachos locales tirados en medio del camino al acecho… Esto añadió intensidad a mis sensaciones… ¡Y de repente caí en cuenta que hoy era primero de mayo, día del trabajador!… Así, iba por el camino nocturno y ya no esperaba la desmaterialización sutil de mi cuerpo algún día, sino una muerte mucho más primitiva y agonizante —ahora mismo, ya—. Con la mirada mental ya veía al borracho local saliendo de los arbustos para degollarme… Y no lograba meditar, no lograba aferrarme de vuelta ni por un momento a aquel bienaventurado estado en el que, al parecer, ya sabía vivir constantemente. Por si acaso, intentaba estar más cerca de Vladimir… Los pensamientos parecían destrozarme. Me cayó encima un montón de «¡todavía no he hecho esto y lo otro!». Las lágrimas corrían por mis mejillas… Entendía que, por mal que me sintiera ahora, no «había vuelta atrás», ya no podía vivir la vida de antes, ¡una vida sin Dios! Pero cuando realmente me imaginaba la muerte del cuerpo, me daban convulsiones, porque… ¡todavía no quería morir! «Tengo tanto por aprender, ¡acabo de empezar el Camino! Tengo una hija que quiero ver crecer, cuadros que quiero pintar, la alegría de continuar mi trabajo en la industria del cine…» Me retorcía de dolor hasta que comprendí que intentaba ir por dos caminos a la vez —el camino de la persona ordinaria y el camino del guerrero espiritual—. Sí, antes me las había arreglado bien, pero ahora había llegado al «punto» donde esos caminos se separaban radicalmente y para siempre. Ya no podría ir por ambos simultáneamente. Tenía que elegir uno solo de una vez por todas. Y elegí a Dios. … ¿Me desencarnó entonces Dios en esa salida? ¡Claro que no! Fue solo una prueba de fortaleza. Los Dioses estaban comprobando si tenía la suficiente fuerza, aspiración y valor para no apartarme a mitad del Camino. Porque el Camino posterior hacia las Profundidades del Absoluto —solo puede ser ofrecido a aquel cuya devoción y confianza son absolutas—. … Huang Di luego resumió esa noche para mí: «Hiciste la elección correcta. Pero cerrar la puerta al mundo ilusorio, siempre cambiante y pasajero —es solo el comienzo del Camino—. Aún hay que abrir las puertas al Mundo del Creador. Y no solo abrirlas y entrar, —sino establecerse Allí por la Eternidad—. Recuerda que tu meta no es solo alcanzar el nagual*, o convertirte en una bruja o chaman*, o liberarte de la carga de la materia. Tu meta aquí es alcanzar la Liberación —con mayúscula—. Al otro lado del mundo material hay muchas sendas, pero solo una lleva a la Libertad Absoluta, a Dios… ¡es la senda del corazón donde solo el Amor puede iluminar el Camino! … Tras estos eventos, siguieron meses y años de trabajo continuo. Pero mi tiempo dejó de medirse por los eventos de mi vida mundana y empezó a medirse solo por las nuevas etapas de mi ascenso espiritual…
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