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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Primeras etapas del Buddhi yoga
 

Cómo conocer a Dios/Primeras etapas del Buddhi yoga


Primeras etapas del Buddhi yoga

Fui conociendo y comprendiendo a Vladimir mejor día tras día al leer su «Autobiografía» y sus otros libros. Gracias a estas informaciones fue que entendí por primera vez en la vida —por qué vivimos en este mundo y qué pueden y deberían ser las relaciones del hombre con Dios—.

Pero inicialmente su nivel de existencia me parecía totalmente inalcanzable: meditaciones de fusión consciente con el Creador, diálogo directo con los Maestros Divinos… «¿Acaso podría yo lograr esto? ¡Por supuesto que no!» —me decía. Después de todo, yo soy… ¡tan solo un hombre común! «Probablemente el nivel de desarrollo que plantea Vladimir solo lo alcanzan personas excepcionales, especialmente talentosas… ¡tal vez dos o tres en todo el globo terráqueo…» —pensaba.

En general, ni siquiera se me pasaba por la cabeza que pudiera llegar a esas alturas o profundidades.

Pero deseaba enormemente expresar mi gratitud a este hombre por la ayuda que me había prestado mediante sus libros.

Le escribí una carta de agradecimiento, que Vladimir contestó, e incluso me invitó a unirme por algún tiempo a su grupo que hacía salidas al bosque a ciertos lugares de poder.

Pero me parecía demasiado para mí. ¿Cómo iba a poder trabajar yo en el grupo de compañeros avanzados de Vladimir, que sin duda ya habían logrado mucho? Y no correspondí a su invitación…

Pero al cabo de algún tiempo, Dios de todos modos me «sedujo» para ir. Sucedió de esta manera:

… Uno de mis deseos más intensos en ese momento era ir a ver a Sathya Sai a la India. Leer sobre el Mesías es una cosa, pero verlo con los propios ojos, permanecer, aunque sea un poco en Su presencia… sería algo totalmente diferente.

Así, un día recibí una carta de la esposa de un conocido. Me escribía que ella y su esposo habían sido invitados a estudiar con Antonov en el bosque y que en esas clases todos podrían conocer a Sathya Sai Baba.

Sabía que ni ella ni su marido habían practicado antes Raja yoga. Y si Vladimir había invitado a tales personas, al parecer yo también podría asistir.

Además, ¡parecía que tal vez allí podría conocer a Sathya Sai! Había leído en uno de los libros de Vladimir que en uno de los lugares de poder cerca de San Petersburgo se podía trasladar fácilmente la conciencia al ashram indio de Sathya Sai y encontrarse allí con Él.

Me puse en contacto con Vladimir, le escribí que quería participar de las clases y que deseaba mucho conocer a Sathya Sai. Vladimir me invitó de nuevo a venir.

… Preparándome para el viaje, consideraba que debía contarles a mis amigos sobre esa maravillosa oportunidad. ¡Tal vez alguno de ellos también quisiera aprovecharla! Además, pensaba que cuando me presentara ante Baba, Él me preguntaría: «Misha, ¿por qué viniste solo? ¿Por qué aprovechaste esta oportunidad solo para ti y no ayudaste a venir a Mí a ninguno de tus amigos?»…

Pero al empezar a preguntarles con cautela, comprendí que ninguno mostraba el menor interés de acompañarme en mi viaje. Solo un chico, el que más interés tenía por los libros de Antonov, parecía querer ir, pero se negó porque justo en ese momento tenía problemas con su esposa y ese viaje solo la enfadaría aún más…

Como resultado, viajé solo…

… Y así, una mañana otoñal bien temprano me bajé del tren que había llegado a San Petersburgo y, poco después, ya estaba frente a la puerta del apartamento de Vladimir.

Toqué el timbre, se abrió la puerta y Vladimir me envolvió en un cálido abrazo. Aunque era la primera vez que me veía y yo era prácticamente un desconocido para él, me recibió con calidez y enseguida me rodeó de atenciones. Me ofreció ducharme, me preparó un delicioso desayuno acompañado de nuestra primera conversación y luego me sugirió dormir un poco, por si no había descansado bien en el tren durante la noche.

Así, desde el comienzo mismo de nuestra comunicación, Vladimir me mostró con su ejemplo el modelo de relación del Maestro con los discípulos: de no arrogancia, no tono condescendiente ni autoritario, no espera de reverencia hacia sí mismo, sino sencillez y amor atento incluso hacia los más principiantes.

* * *

Desde los primeros días de trabajo con Vladimir obtuve la posibilidad de comunicarme con los Maestros Divinos, ¡y eso se convirtió en el descubrimiento más asombroso de mi vida!

Antes me parecía esto totalmente inalcanzable. ¡Si incluso los gobernantes terrenales están tan lejanos e inaccesibles para la gente común, cuán inalcanzables e inaccesibles debían ser los Señores Celestiales! Al prepararme para el viaje a casa de Vladimir, pensaba en la posibilidad de ver a Sathya Sai como algo extraordinario. ¡Y hablar con Él era ya el colmo de mis sueños!

¡Y se cumplió! ¡Incluso obtuve la posibilidad de ver no Su cuerpo físico, sino algo mucho mayor —a Sai Baba mismo como Conciencia Divina—! ¡Y hasta fusionarme con Él en conciencia!

… Cuando ocurrió, sentí Su estado, Sus emociones de Amor… ¡y comprendí que Él… es completamente accesible para cada uno de nosotros!

Son las personas quienes suelen estar «cerradas» a todo y a todos. Él, en cambio, estaba totalmente abierto y te invitaba como diciendo: «¡Mirad y estudiad cómo soy Yo! ¡Fusionaos conmigo y aprended qué significa ser Divinos!».

… Dos personas enamoradas pueden tocarse con sus cuerpos desnudos. Pero sus cuerpos no pueden fundirse por completo y para siempre. En cambio, en la unión de conciencias, no existe ese límite. El amor mutuo permite que las conciencias se fundan en una, sintiéndose como un solo ser.

¿Y qué puede soñar un corazón que ama sino fundirse, unirse con su amado, sentirse uno con él?

… ¡Descubrí que podía fundirme con Baba! ¡Y entre Él y yo… no había ninguna barrera que nos separara! El Gran, Divino y, como antes creía, inalcanzable Babá… ¡de pronto resultó estar más cerca de mí que cualquier otro ser!

… Y cuando después Vladimir me preguntó si quería ir al lugar de poder donde se podía trasladar la conciencia al ashram de Baba y ver allí Su cuerpo, respondí que ese deseo mío había perdido todo sentido, ¡porque había recibido muchísimo más!

… Otro descubrimiento fundamental para mí fue que Vladimir me propuso interactuar inmediatamente de forma directa con Dios y aprender directamente de Él, no de Vladimir…

Antes, por supuesto, también meditaba y me desarrollaba a través de ello. Pero mis meditaciones nunca estaban dirigidas directamente a Dios. Estaban dedicadas a limpiar y desarrollar las estructuras energéticas de mi propio organismo, a explorar distintos lugares de poder con los que me encontraba. Pero el amor a Dios siempre quedaba como al margen, ¡porque consideraba a Dios… inalcanzable, incognoscible!

¡Y solo ahora vi cómo puede uno orientarse realmente de forma directa hacia Dios, conocerlo con Su propia ayuda! ¡Y solo en ese caso el amor a Dios ocupa su lugar natural y central en este trabajo!

… De esto mismo nos hablaba también el propio Dios. Uno de aquellos días Sathya Sai dijo, dirigiéndose a todo el grupo:

«¡Vuestra meta ahora es conocerme a escala Universal!

»¡Yo soy la Meta! ¡El sentido de vuestras vidas es la Fusión conmigo!

»¡Difícil es el camino de quienes no lo comprenden!

* * *

… En muchas tendencias religiosas terrenales el motivo principal es que los adeptos obtengan algo para sí mismos. Precisamente desde esa base, y no desde el amor altruista, se propone a los discípulos construir sus vidas, formar relaciones con el mundo material circundante y con Dios. ¡A los discípulos ni siquiera se les enseña el amor!

Pero ¿es posible, por ejemplo, crear una familia feliz si entre los esposos no hay amor mutuo? ¿Qué clase de familia resultaría en ese caso?

¡Y exactamente igual es imposible construir relaciones armónicas con el mundo circundante ni con Dios —sin un amor sincero de parte de la persona que hace el intento—!

* * *

Permanecí entonces con Vladimir unos diez días, llenos de salidas al bosque a lugares de poder, y de aprendizaje de nuevas formas de comunicación con Dios.

Pero lamentablemente pronto llegó el momento de regresar a mi trabajo científico en el ámbito de la física. Me llevé conocimientos sobre nuevos métodos de desarrollo personal y sobre las perspectivas futuras de conocimiento de Dios.

Ahora ya sabía que —estuviera donde estuviese— podía trabajar apoyándome en la ayuda y guía directa de los Maestros Divinos.

Y fue precisamente Babaji quien se convirtió en el Maestro que me tomó bajo Su cuidado. Vino a mí… y desde ese momento sentía Su presencia casi constantemente.

Él dirigía mi trabajo meditativo, me indicaba qué y cómo debía hacer, y simplemente me regalaba Su presencia Divina. Era agradable estar con Él… igual que es agradable estar en compañía de una persona cercana y amada.

Su cuidado se extendía también a ayudarme en los entrenamientos meditativos e incluso en pequeños detalles cotidianos. Así, una noche me indicó que debía cerrar la ventana que solía dejar ligeramente abierta para que entrara aire fresco. Por la mañana descubrí que durante la noche había helado inesperadamente y con la ventana abierta podría haberme resfriado.

Al despertar temprano cada mañana, con alegría tomaba conciencia: «¡Babaji está conmigo!». Él ya me esperaba en el momento de mi despertar. Lo abrazaba con los brazos de la conciencia, sintiendo Sus abrazos de respuesta llenos de Amor.

Las horas matutinas antes de ir al trabajo en el Centro científico las dedicaba a meditaciones que realizaba bajo Su guía. Y por las noches también tenía tiempo para el trabajo meditativo y para conversar con Él.

Él estaba conmigo también durante las horas del día, mientras trabajaba en el estudio de la física de partículas elementales.

Vivía con la sensación de la presencia y ayuda constante de Babaji, ¡y eso era tan inusual para mí! El Gran Babaji casi todo el tiempo… conmigo, ayudándome… ¡¿Acaso habría podido creer algo así hasta hacía muy poco?!

Así Dios se convirtió para mí en un Amigo cercano y amado.

* * *

Empecé a viajar regularmente a San Petersburgo a casa de Vladimir. En cada visita recibía nuevos conocimientos y aprendía nuevas técnicas de desarrollo de la conciencia que Vladimir y su grupo desarrollaban y acumulaban en el proceso de su propio aprendizaje continuo junto a Dios.

En particular, comenzaron a enseñarme el dominio planificado del Buddhi yoga, es decir, el desarrollo y crecimiento de la conciencia más allá del cuerpo material.

Era interesante observar cómo cambiaba mi percepción del espacio a medida que crecía la conciencia. Antes me sentía pequeño en comparación con los amplios campos, las montañas o la cúpula del cielo. Pero conforme avanzaba, empecé a notar que podía estar fácilmente presente en cualquier lugar u objeto lejano.

Por ejemplo, una cadena de montañas cerca del Centro científico antes me parecía abrumadoramente enorme. Las propias montañas se percibían gigantescas, en comparación con la escala habitual de sensación de mí mismo como cuerpo material. Pero cuando crecí considerablemente en conciencia, empecé a sentir que esas mismas montañas… ya no eran más grandes que yo. Ahora podía abarcarlas fácilmente conmigo, tomarlas en los brazos de la conciencia.

Luego, gracias a entrenamientos meditativos posteriores, ya podía sentirme como un gran corazón espiritual que abarcaba las montañas, todo el valle delante de ellas y llenaba todo el cielo visible… Era asombroso sentir que en algún lugar dentro de mí resonaba el sonido de un avión volando…

Pero, por supuesto, esto no ocurrió de inmediato, sino solo después de varios años de aprendizaje.

En cualquier caso, resultó ser un detalle menor comparado con lo que se revelaba después.

Y después ya dominaba los espacios galácticos y universales, llenándolos conmigo mismo y fundiéndome en el eón primordial con el Creador…*

… Al cabo de un tiempo comprendí que el trabajo de científico físico que había realizado durante tantos años ya no era necesario ni para mí ni para Dios. Así que tras defender mi tesis doctoral, renuncié… y pude incorporarme al trabajo del grupo de Vladimir al cien por ciento.

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