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Cómo conocer a Dios/Recuerdos de una discípula de Asiris Recuerdos de una discípula de AsirisEn algún momento, en una encarnación pasada, fui discípula de una de las «escuelas del bosque» del Maestro Divino Asiris. Dios me lo mostraba solo en pequeños episodios, nunca satisfaciendo completamente mi curiosidad ociosa. Solo en raros casos, cuando Él lo consideraba útil, se levantaba un poco el velo sobre este pasado mío. A continuación, algunos de estos recuerdos que me parecen interesantes: Mañana de verano… tengo 3 o 4 años… Naturalmente, no me puedo ver, pero puedo sentirme. Miro hacia el exterior desde dentro de mi cuerpo pequeño… Un campo inundado de luz solar. A lo lejos se ve el bosque, tocando con las copas de los árboles la inmensidad del cielo azul. De repente, la alegría me desborda y corro hacia una persona que me parece muy grande. Él irradia paz, fuerza, amor, y lo percibo como muy cercano, querido, quizás un padre o un maestro… Los estados de amor ilimitado y confianza en Él son en mí tan naturales y abarcadores como la belleza y la alegría alrededor del campo cubierto de flores, el bosque, el resplandor del sol… Yo, rebosante de amor alegre, corro hacia este hombre, y él toma mi pequeño cuerpo en sus fuertes manos y me lanza al aire… Y… me siento como sin cuerpo… Me encuentro en un espacio de Luz, todo lo demás desaparece… Solo hay un mar infinito de Luz… Y nado en esta Luz… Al descender, sus grandes y fuertes manos me atajan y todo vuelve a su lugar… el campo, el bosque, las flores, el cielo… ¡Y una alegría increíble! ¡Centelleante! ¡La alegría de este juego me desborda!… Y Sus manos me lanzan al aire de nuevo… y solo hay Luz otra vez… y otra vez… y otra vez… y otra vez… * * * Ahora, mientras escribo estas líneas, Asiris de repente, riendo, me explica que eso no era en absoluto una lección en la «escuela del bosque». Sino que fue simplemente nuestro primer encuentro. Así Él me encontró. * * * Hoguera… noche estrellada… La llama ilumina a un anciano con túnicas claras sentado en un estado de profunda calma y silencio. Yo, una adolescente de 12-14 años… Estoy sentada en la «postura del discípulo»*… No, es mi cuerpo el que se sienta. Yo, soy una conciencia antropomórfica, libre del cuerpo… aprendiendo a danzar con el fuego de la hoguera… Lo más notable de esta danza es que carece por completo de emocionalidad humana, de artificialidad. Un intento genuino por reproducir el estado del fuego tal cual es, con su ritmo inherente, la agilidad de sus lenguas… La sensación del tiempo se ralentiza, pareciendo que el anciano lleva una eternidad mirando ese fuego… Y una comprensión absolutamente natural de que yo no soy el cuerpo, yo soy el alma-conciencia. El cuerpo puede no existir en absoluto, pero yo sí existo. * * * …Del festejo de la llegada de la primavera conservo imágenes fragmentadas, entrelazadas con una sensación intensa de felicidad. También, varios versos de esas canciones… En el festejo participaban los habitantes del asentamiento y los discípulos de la «escuela del bosque». Todo comenzaba con la contemplación de la salida del Sol. …En la suave niebla antes del amanecer —en una unión asombrosa— están de pie hombres, mujeres, ancianos y niños. Paz y silencio… A la expectativa del misterio… Desde el horizonte se eleva lentamente el disco solar. ¡La gente levanta las manos hacia arriba, saludando al Sol y a la Primavera! También conmemoramos en honor al Mensajero del «Sol de Dios», Asiris. Y Asiris envuelve a todos con Su Luz Divina… …Y luego, multitud de hogueras y rondas alrededor de ellas. Y las manos de las conciencias, saliendo de los corazones espirituales, conectando a todos. En la danza circular, todo se funde en una sola conciencia. Felicidad inmensa —en la fusión de las almas iluminadas—… En un movimiento único, como arroyos primaverales, fluyen las rondas y los versos. ¡Y los fuegos de las hogueras arden —como símbolos de la Llama Divina—! ¡Alegría en el corazón, el Sol está saliendo! ¡Lada! ¡Lada! ¡Juntas las manos! ¡Corazón a corazón, anhelo de amor! ¡Corazón a corazón, anhelo de fusión! ¡En nuestra ronda, abedules y abetos, El cielo gira, riendo con nubecillas! ¡El corazón canta junto con el trino de los pájaros! ¡La alegría vuela con alas sobre los campos! ¡El sol asciende, la alegría asciende! ¡Con nosotros giran árboles y pájaros! ¡La canción de la primavera resuena en los arroyos! ¡El Sol de Svarog* brilla sobre nosotros! ¡En el claro resplandor, fusionemos los corazones… Con el Corazón Único, la Llama Divina! ¡Convirtámonos en Amor, creado para Dios, Antes del salto a la Infinidad de Svarog! En la «escuela del bosque» había maestros de diferentes grados. Pero el Maestro principal siempre seguía siendo Dios, representado por un Maestro Divino concreto, Asiris, Hijo (Mensajero) de Svarog. Él daba lecciones de meditación, explicando, mostrando, sumergiéndonos en Su Profundidad… en una comunión con el Maestro, Amigo, Padre amoroso. * * * Ante mí, aparece una Esfera transparente de Luz dorada… así se presenta esta vez Asiris a impartirme una nueva lección… Toco Su Conciencia Divina con las manos de la conciencia, y a pesar de la cotidianidad de la lección, este toque de nuevo me desborda de reverencia, amor y ternura. Me acerco a Él con los labios del corazón espiritual y —como conciencia— me disuelvo… y me hallo de nuevo en el estado de «no-yo». Ya no existo aunque sí permanece todo lo relacionado a este antiguo «yo» ahora disuelto… Y ahora… con sorpresa reconozco en esto la técnica de la «reciprocidad total», técnica que en mi encarnación actual me enseña Vladimir Antonov… En este estado, Asiris me hace descender hacia la Profundidad de la Conciencia de la Tierra y mucho más allá, a las Profundidades de los espacios llenos de Conciencia-Viva-Luz. Él transita fácilmente todas estas escalas de percepción. Puedo ver todo dentro y fuera. Asiris dice: «¡No existe más “túˮ, solo existo “Yoˮ! ¡Estoy en todo! ¡Tú también eres Yo! ¡Ahora no hay nada más a considerar como tú o como a ti misma!» Luego ocurre otro giro de la conciencia y me encuentro en la superficie como de un enorme tierno «Sol de Dios Divino», con la mirada de la conciencia hacia arriba desde Su superficie. Sé que debo convertirme en Todo Esto. Pero… aún no logro abarcarlo con mi ser… Solo logro penetrar un poco más en la profundidad —pero incluso solo esto— me genera un éxtasis indescriptible que me desborda… * * * Ahora soy claramente mayor que en los episodios anteriores. La libertad que siento me permite olvidar por completo que en algún lugar está mi cuerpo material —porque ahora soy un enorme cuerpo transparente de conciencia—… ¡Es tan maravilloso y fácil moverse en este estado!… ¡Puedo abrazar prados y bosques y sentir a todos los seres que viven en ellos, y acariciar con mis infinitas manos del corazón espiritual a todo y a todos!… Y delante, no desde el horizonte, sino transparentemente a través de la masa de la Tierra, se eleva el «Sol de Asiris». Y yo, como en esa infancia… corro hacia Él extendiendo las manos… y entro en Él —el Sol Vivo de Dios— como por una puerta que me ha abierto con Su Corazón Espiritual… …Al recordar esto, no siento dónde está el límite entre lo que conocí en aquella vida y lo que voy conociendo en mi vida presente… Para Dios, no hay límites nítidos que separen nuestras encarnaciones terrenales… Desde la etapa en la que me detuve entonces, la lección continúa y continúa… —la lección de amor y conocimiento del Creador—.
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