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Cómo conocer a Dios/Las primeras clases Las primeras clases«Solo los valientes arrebatan el cielo». (Mateo 11:12) Mis primeros intentos de cambiarme activamente comenzaron siendo muy joven cuando estando en el octavo grado de la escuela secundaria, entendí que una niña «llena de complejos», tímida y orgullosa hasta la estupidez —no lograría nada en esta vida si no se convertía… en su opuesto—. Luego, este trabajo adquirió un nuevo significado, el más elevado posible. Lo hacía ya no para mí misma, sino para Dios. Y eso significaba que ya no podía complacer mis debilidades. Cada mañana: ejercicios físicos, prácticas psicofísicas, meditaciones, etc., incluso si tenía que estar en el trabajo a las 7 de la mañana, o incluso si solo había dormido 2 o 3 horas. Y así sucesivamente, mes tras mes. En ese entonces estábamos iniciándonos en el curso de Raja Yoga. No describiré los ejercicios específicos ya que están detallados en el libro Ecopsicología [7]. Para nuestras reuniones con Vladimir, yo siempre preparaba una lista de preguntas que quería hacerle. ¡Pero nunca lograba plantearlas! Vladimir comenzaba a hablar… y respondía todas mis preguntas en voz alta antes de yo plantearlas… En la segunda de esas reuniones ocurrió un evento muy significativo para mí. Permanecía sentada en una alfombra en el suelo después de shavasana*, el ejercicio de relajación final. La fatiga y la felicidad eran tan grandes al mismo tiempo que no quería moverme ni hablar. De repente, Vladimir preguntó: «¿Quién de los Maestros Divinos está aquí con nosotros?» Y a través de él, nuestro Huésped respondió: «“El Dios del Sol”, Asiris. ¡Conduje a Anna en su encarnación pasada y estoy muy feliz de que ella esté aquí presente!» Y Asiris continuó relatando que en mi vida terrenal anterior estuve encarnada en el norte de Nóvgorod, Rusia. Allí había una Escuela espiritual dirigida por Asiris. Las etapas de aprendizaje en esa Escuela conducían al conocimiento directo del Creador, Quien es Uno solo para todos los pueblos. …Apenas recuerdo las palabras que se dijeron entonces, porque Asiris, mi antiguo Maestro Divino, entró con Su Conciencia en mi cuerpo, otorgándome la Bienaventuranza de sentirlo plenamente… Y algo nuevo se despertó en mí. La Luz y el Amor me llenaron, me abrumaron tanto que no podía moverme, las lágrimas de felicidad corrían por mis mejillas. Lo que había a mi alrededor casi dejó de percibirse. Todo estaba lleno del milagro del toque del Dios Vivo, Quien, por fin, ocupó Su lugar legítimo en mi corazón… ¡Dios, el Dios Vivo! entró en mi vida de manera tan real como entra la persona más amada. Nunca antes en esta vida había experimentado un amor tan fuerte. Había esperado durante tanto tiempo a que llegara a mi vida el Amado Primordial, el Dios Único… * * * Así, en nuestras reuniones con Vladimir, recibíamos toques de Dios, para luego al partir, sumergirnos nuevamente en el ajetreo de la vida terrenal… En el cual, en cada momento debíamos tratar de no ahogarnos, de no asfixiarnos, y de mantenernos a flote en conexión con lo que habíamos experimentado. En mi ignorancia, durante ese primer tiempo ansiaba que el maratón hacia Dios terminara pronto para poder tomar un descanso, una pausa. Pero no hubo pausa, fue como si un resorte Divino comenzara a desenrollarse, a soltarse, dando a mi vida una aceleración cada vez mayor, para recuperar el tiempo perdido de esa ociosidad espiritual que antes consideraba mi vida «consciente»…
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