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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Despertar espiritual
 

Cómo conocer a Dios/Despertar espiritual


Despertar espiritual

Fue durante mis años en la universidad cuando Dios empezó poco a poco a despertar en mí el interés por el lado «oculto» de la vida, por la búsqueda de la autorrealización espiritual. En mi edad infantil e incluso adolescente aún no era capaz de acciones plenamente conscientes y responsables. La tarea principal de la gran mayoría de los humanos en esa etapa de la vida es solo crecer, y acumular conocimientos y fuerzas. Y solo en edades más maduras a algunas personas les llega gradualmente el deseo de cambiarse a sí mismas de manera consciente. *

Un día siendo adolescente, pensé: «Si tuviera un Ángel guardián que me tome como su pupilo, podría éste indicarme cómo actuar, y yo le consultaría siempre qué necesito hacer después».

Y de pronto recibí de inmediato una respuesta mental: «¡Dedícate a la autoobservación de ti mismo!».

… Hasta ese momento vivía, como casi todo el mundo, completamente «de forma mecánica», es decir, como cierto dispositivo técnico en funcionamiento. Ni siquiera imaginaba que se podía observar los propios pensamientos y emociones, o que se podía y debía controlarlos. Empecé a entender que los pensamientos y las emociones eran la parte más íntima y real de uno. ¡Pero pronto descubrí, que normalmente son controlados y modificados por eventos externos!

Después de esa revelación, intenté por primera vez mirar mi mundo interior como desde fuera. Y deseé cambiar muchas cosas en mí mismo. En particular, noté cómo mis pensamientos quedaban atados a situaciones donde había sentido algún agravio o había quedado en una posición incómoda, y también observé, cómo algo dentro de mí gustaba de generar mentalmente cuadros en los que yo terminaba siendo venerado por los demás.

¡Vi qué ridículos eran todos estos «ajustes de cuentas» mentales y el afán de elevarse ante los demás en fantasías sin conexión alguna con la realidad! ¡Y qué fuertemente me ataban, porque me sumergía en ellos muy a menudo cuando estaba frustrado o mi mente no estaba ocupada en otra cosa! ¡Empecé a ver con sospecha esas costumbres internas de mi sistema, que observadas como desde fuera (separado de ellas) eran completamente «infantiles y cómicas»! Esto me ayudó considerablemente a deshacerme de muchas de ellas.

… En esa época me atraía cada vez más intensamente lo que yacía más allá de la concepción material del mundo. Por crianza y educación mi visión era básicamente material es decir basada en los objetos concretos, tanto más porque había elegido el campo de las «ciencias exactas». ¡Pero anhelaba ardientemente hallar en este mundo algo más allá de lo que propone el marco de la «ciencia oficial»! ¡Deseaba que realmente existiera «lo trascendental»!

Así se manifestaba, entre otras cosas, el impulso natural de un alma suficientemente desarrollada en su psicogénesis hacia la libertad, y su renuencia a aceptar las restricciones impuestas por la cosmovisión del mundo como un cúmulo de objetos.

Soñaba con presenciar, aunque fuera una vez, algún fenómeno sobrenatural para cerciorarme yo mismo de que algo semejante existía verdaderamente. Para mí eso significaría que la vida no se limitaba a las representaciones que me inculcaron desde la infancia, sino que en la vida existían espacios muchísimo más amplios para el crecimiento y el conocimiento.

Al ver por televisión emisiones sobre Nina Kulagina* e individuos parecidos que poseían la capacidad de la telequinesia, o sea, influir a distancia sobre los objetos, decidí intentar yo mismo reproducir ese fenómeno. Construí un péndulo muy sensible que durante largo tiempo intenté moverlo con mi intención. ¡Afortunadamente no lo conseguí!

Y digo «afortunadamente», porque descubrir en mí capacidades paranormales a esa edad todavía inmadura se habría convertido solo en motivo para enorgullecerme (¡pues los demás no tienen tales capacidades, por tanto, yo soy especial, soy mejor que los demás!). Y el entusiasmo por fenómenos ocultos solo me habría apartado del Camino Verdadero que estaba destinado a seguir.

Ese Camino, como ahora sé, está basado en el Amor. ¡Precisamente el Amor revela al ser humano perspectivas increíbles, y casi milagrosas desde el punto de vista de una vida basada en objetos concretos que nos rodean!

Uno de los primeros pasos en mi juventud, fue el conocimiento de los principios que enseñaba Porfiry Korneevich Ivanov* a sus seguidores. Lo que más me atrajo fueron sus ideas sobre la «Madre Naturaleza» como un Ser vivo e inteligente que ama a sus hijos y a Quien cualquiera puede dirigirse mentalmente.

El sistema de Ivanov incluía baños regulares en embalses naturales de aguas gélidas (entre 0 y 8 grados a lo sumo) a lo largo de todo el año. Y antes de sumergirse en el agua helada era necesario dirigirse a la Madre Naturaleza pidiéndole que en esa práctica limpiara el cuerpo, lo llenara de salud y repartiera salud a todos los demás seres.

Particularmente en invierno, en el instante de sumergirme en las aguas heladas, procuraba abrirme por completo a Su Fuerza purificadora —de forma que no quedara en mí ni el menor reodo donde algo se ocultara, cosa que la fuerza arrolladora del agua helada penetrara y lavara todo mi ser—.

¡Y eso realmente producía un efecto transformador! Era como si de repente en mi vida hubiera más amplitud, más luz. Estas fueron mis primeras aperturas del corazón espiritual. Y así, gradualmente fui alcanzando una alegría de amor cada vez mayor.

* * *

El pleno despliegue del corazón espiritual se produjo cuando me llegó la etapa del enamoramiento juvenil.

Aunque desde la infancia algunas niñas me atraían y cada vez creía estar enamorado, en esta ocasión el enamoramiento fue tan intenso y profundo que me sumergí en él por completo, «de cabeza». El estado de enamoramiento se volvió dominante. La mayor parte del tiempo mis pensamientos estaban dirigidos a ella (vivíamos en ciudades diferentes y nos comunicábamos principalmente por cartas). Bastaba con recordar que ella existía para que mi corazón se llenara de una tierna y punzante alegría. Así viví varios años.

Cuando al final, un día me informó que… se casaba, el amor en mí no dio paso a emociones negativas hacia ella ni hacia su elegido. Comprendí entonces que sería equivocado recordarle nuestro compromiso y que en esa situación solo debía desearle sinceramente felicidad en su nueva vida.

Sorprendentemente, aunque nuestra comunicación cesó, mi amor no desapareció ni se debilitó, sino que continuó viviendo en mí.

Al estudiar este fenómeno en mi interior, comprendí que el amor es autosuficiente y no depende de condiciones externas. No se deriva de nada externo, sino que existe por sí mismo en el corazón espiritual de quien ama. Y no exige nada de los demás. ¡Porque… no necesita nada de ellos! ¡Simplemente existe, es! Y solo aspira a brillar por y para sí mismo y para los demás.

* * *

En una impresión mecanografiada de extractos del libro de Ram Dass* leí la descripción de una meditación que consiste en expandir la luz-amor desde el centro del pecho cada vez más y más ampliamente, de modo que abarque todo el universo y toque con amor a todos los seres vivos existentes.

Entendía que yo no podía abarcar todo el universo, pero deseaba mucho compartir mi amor con los demás. Comencé a hacer esta meditación en una versión más simple. Enviaba desde el pecho rayos de amor en todas direcciones, como hacia todos los seres vivos del universo, dirigiéndome mentalmente a ellos: «¡Los amo!».

Esperaba que esos rayos de amor se propagaran en el espacio como rayos de luz y tocaran a otros seres tanto en nuestro mundo terrenal como en otros mundos. Y tal vez alguno de esos seres sintiera ese envío…

De esa meditación de entrega, el amor en mí se volvía cada vez más intenso y el corazón espiritual funcionaba cada vez más activamente.

… En los libros que leía, logré vislumbrar claramente que las emociones negativas influyen terriblemente en el estado de la persona, y por ello los buscadores espirituales deben esforzarse por librarse de ellas por completo. Así que tomé mi decisión: —intentaré al menos durante una semana vigilarme y no permitir ninguna emoción de irritación, incluso si surgen situaciones conflictivas en el trabajo—. Veré qué ocurre.

Y descubrí el efecto bastante pronto… fue como si me hubiera quitado de los hombros un peso que había arrastrado desde que tenía uso de razón sin darme cuenta. Y resultó que, si uno renuncia a las emociones de irritación, ira, celos y otras similares… ¡la propia vida se vuelve muchísimo más fácil y placentera!

Otro método simple y eficaz que también tomé de los libros fue —sonreír—. Al saludar a conocidos y colegas en el trabajo empecé a sonreírles. Y me esforzaba no solo por sonreír con el rostro, sino por reproducir la sonrisa en la mirada, como si vertiera a través de los ojos la sonrisa como estado interior.

El resultado resultó ser más contundente de lo que podía imaginarme. Si antes los colegas me saludaban solo por «cortesía», ahora en sus rostros aparecía con toda sinceridad una sonrisa en respuesta. ¡Vi que a las personas les agradaba encontrarse conmigo y sonreírme de vuelta, igual que a mí me agradaba sonreírles!

¡Qué asombroso e increíble fue el cambio que se produjo en mí durante esos pocos meses! Antes vivía pendiente de la incertidumbre del mañana, y con la esperanza de una felicidad que me evadía para algún día futuro. ¡Pero ahora, hoy mismo… la alegría y la felicidad inundaban mi vida a plenitud!

Y ese nuevo estado crecía gradual e irresistiblemente. Igual que cuando viene llegando la primavera con el soplo del viento cálido, el derretimiento de la nieve, el goteo de los tejados, hasta que inevitablemente comprendes en un instante… ¡que la primavera te rodea por todos lados!

Recuerdo lo asombroso que fue entonces para mí darme cuenta de esos cambios. Cuando caminaba por la calle sentía con sorpresa que la alegría que había entrado en mi vida inundaba todo alrededor, ¡como la luz solar inunda el espacio! Y esa alegría no era causada por algún evento externo feliz o como resultado de la suerte, sino que era constante, inmutable y venía de algún lugar de mi interior… ¡la alegría misma de ser!

… ¿Qué se requiere entonces para que cada uno también se vuelva feliz y llene de alegría su propia vida?

¡Ciertamente la alegría llega junto con el amor! ¡Por eso, el ser humano puede ser feliz solo cuando ama!

Pero no debe ser ese pseudo amor que exige condiciones para sí, y que se transforma en resentimiento cuando los intereses de otros no coinciden con los propios.

El amor verdadero nunca esclaviza a nadie, sino por el contrario, hace a todos más libres. ¡No conduce a los celos ni a las ofensas —porque no aspira obtener nada de nadie—!

¡La alegría del amor consiste en su mera presencia y en su cualidad de manifestarse unidireccionalmente hacia los demás!

Durante esos años también comprendí dos principios importantes que debe observar el ser humano para navegar la vida en un estado de felicidad:

1) Nunca consideres que alguien en este mundo está obligado a hacer algo por ti. ¡Mira siempre solo lo que tú puedes hacer por los demás!

2) No creas que la alegría y el amor te los debe ofrecer el mundo externo. ¡Sé tú mismo tu propia fuente de alegría y de amor en este mundo!

* * *

Aunque el amor llenó mi vida de una alegría inagotable, aún no tenía muy claro para qué era que vivía, cuál era el sentido de mi existencia.

Los objetivos de vida aceptados en la sociedad en la que crecí se reducían principalmente al éxito en la profesión elegida, a la seguridad material, y al bienestar familiar.

Pero todos esos objetivos eran inevitablemente pasajeros y no podían madurar hacia algo superior. Además, son parte de una concepción material y concreta de las cosas, de la cual resulta imposible para la humanidad hallar el sentido de la existencia.

… Entonces, ¿para qué existe la especie humana de la cual se dice que surgió por «casualidad» en el planeta Tierra, el cual es a su vez una minúscula mota de polvo en las infinitas dimensiones del universo? Las vidas individuales son solo chispitas que se encienden por un instante en el torrente de la eternidad y en otro instante desaparecen para siempre. Y aunque algún humano deje algún legado para las generaciones venideras, inevitablemente todo está condenado a desaparecer. Pues a su vez, dentro de algunos millones de años el astro Solar se extinguirá al agotar su reserva de hidrógeno y todo quedará perdido. Igualmente se apagarán con el tiempo todas las demás estrellas hoy existentes en el universo… Toda la materia tenderá inexorablemente a la homogeneidad total según la ley del crecimiento de la entropía; de modo que al final no quedarán ni estrellas, ni planetas, y ni siquiera los cuerpos más pequeños…

… Estaba bien familiarizado con las opiniones de la ciencia «oficial» sobre el tema, pero para mí, permanecía completamente inexplorada y desconocida —la esfera relacionada con el lado espiritual de la vida—.

Afortunadamente, tras la «Perestroika»* en el país apareció mucha literatura espiritual que antes había estado prohibida. Y comencé a estudiarla con renovado interés.

Fue entonces cuando encontré por primera vez el concepto de que el hombre es conciencia, perfectamente capaz de existir independientemente del cuerpo, es decir, sin cuerpo.

Esta idea suena trillada para quienes leen por encima la literatura relacionada y se han habituado a ella…

¡Pero cuán fundamental resulta para el verdadero buscador que comienza a vislumbrar la Luz!

Lamentablemente, la mayoría de los libros que llenaban los estantes de las librerías esotéricas se dedicaban a temas menores como la astrología y la magia…, mas no al sentido de la vida. Y ninguno respondía la pregunta principal: ¿para qué existe la vida en el universo?

Leía en esos libros temas variados como: enfocar los pensamientos, afirmaciones, meditaciones estrambóticas, cómo salir al cuerpo astral, cómo defenderse de ataques energéticos, cómo devolver los golpes astrales, y por el estilo… es decir, más oscuridad…

Luego, como por «casualidad» empezaron a caer en mis manos libros más serios que se referían a las capacidades extraordinarias que desarrollan algunos yoguis, sobre cómo expandían significativamente sus límites de percepción, etc.…

Soñaba con que algún día eso también estuviera disponible para mí, que yo mismo podría conocer el otro lado de la realidad. Sin embargo, lo soñaba como algo imposible de alcanzar…

Pero, a pesar de todo, se hizo realidad.

* * *

¿Por qué se me concedió la posibilidad de recibir estos conocimientos? Evidentemente gracias al deseo sincero de cambiar para mejor y el interés investigador por conocer la realidad del universo.

… Así, muy pronto llegó por «casualidad» a mis oídos, que en nuestra ciudad* se realizaban clases de Raja yoga basadas en los estudios desarrollados por el científico ruso Vladimir Antonov, y me inscribí. Allí se enseñaban métodos de refinamiento de la conciencia, limpieza y desarrollo de chakras y meridianos, y otros.

Las clases me trajeron inspiración y alegría. ¡Por fin podía poner en práctica métodos reales de desarrollo desde el lado espiritual!

A todos los que llegamos a estudiar nos indicaron la necesidad de renunciar a la alimentación basada «en sacrificios animales». Allí volví a escuchar que no se puede vivir en emociones negativas y que para la transformación espiritual es necesario librarse por completo de ellas.

En las primeras clases había muchas personas, alrededor de treinta. Pero con el tiempo la mayoría se fue apartando.

Los que llegaron buscando algo parecido a «viajes astrales» se vieron decepcionados, pues nada semejante había allí.

Otros solo deseaban mejorar su salud y así, quienes se cambiaron a una alimentación sin animales sacrificados, dominaron los pranayamas más sencillos y practicaron los métodos iniciales de autorregulación emocional, ciertamente resultaron beneficiados.

Y tan solo para una minoría de los que asistimos, las clases se convirtieron en la «puerta» a una nueva vida, como sucedió conmigo.

Gracias a este contacto me familiaricé con los escritos de Vladimir Antonov.

Así, tras mi vasta experiencia leyendo literatura espiritual, con tan solo leer dos de sus artículos: «Leyes del yoga» y «Sobre el amor», ¡pude ver de una forma completamente nueva el Camino del desarrollo espiritual del ser humano! Fue allí donde encontré expresiones que sonaron para mí como Revelaciones tales como: «el yoga es ante todo amor», «el yoga es el Camino hacia Dios» y que «el Camino se basa precisamente en el amor a todo y a todos, y el amor a Dios». Así me enteré que el Camino espiritual no es el afán por adquirir habilidades sobrenaturales para elevarse sobre los demás, sino el desarrollo del amor en uno mismo para acercarse y fundirse con Dios a través del amor mismo. Y que Dios nos ama y es esto lo que precisamente espera de nosotros.

… Las ideas sobre Dios que recibí en la infancia estaban vinculadas principalmente a la iglesia ortodoxa rusa. Resultando ser que, a Dios, por alguna razón, le era necesario que la gente fuera a la iglesia y que «rezaran» allí… ante los iconos… Y si Dios interviene en la vida de las personas, es básicamente para castigarlas… En general, desde la infancia Dios se me presentaba como cierto ser inalcanzable de ultratumba, un Soberano amenazador con el que el ser humano, si tenía que encontrarse, sería solo después de la muerte, a la hora del Juicio Final…

Es comprensible que un Dios así sea percibido por el ser humano como un obstáculo en su vida, como cierto factor desagradable y amenazante del que sería mejor… mantenerse alejado…

… Sin embargo, tras la perestroika, empezó a aparecer información espiritual más luminosa. Así, una vez escuché por la radio una emisión sobre unas personas que habían pasado por una muerte clínica y que conservaban recuerdos de lo que les ocurrió «al otro lado de la muerte». Algunos de ellos habían conversado con ciertos Seres Superiores que, como Amigos y Mentores, discutían con ellos sus actos en la Tierra e incluso bromeaban sobre algunas situaciones. Esto no concordaba en absoluto con la imagen de ese monstruo tenebroso que la iglesia ortodoxa rusa llamaba Dios…

¿Será posible que realmente Dios posea la capacidad de bromear? Entonces, quizá… sería incluso muy interesante encontrarme con Él y conversar «al otro lado de la vida»…

Poco después ocurrió otro caso. Escuché cómo cierto tipo extraño explicaba a un grupo de oyentes que Dios ama a todos sin excepción, que no condena a nadie a tormentos eternos y que incluso perdonará al diablo cuando corresponda…

Así, fui acostumbrándome por primera vez a la idea de un Dios que ama y no castiga, que es capaz de amar más fuerte que los hombres, puesto que ama precisamente a todos, incluso a Sus enemigos.

Por supuesto, esta información sonaba demasiado inusual como para tomarla en serio sin analizarla.

No obstante —gracias a los libros de Vladimir Antonov— pude ver el cuadro completo del mundo, perfectamente lógico y libre de contradicciones, en el que la esencia de las relaciones del hombre con otros seres y con Dios debe ser el amor. Y eso tenía para mí el sentido más elevado.

Recuerdo la dicha que me invadió ante ese descubrimiento. Sentí como si regresara a casa después de un largo viaje, encontrándome al fin con algo familiar y querido desde hacía mucho tiempo.

Y mi percepción del mundo también cambió…

… ¡Cuántos libros había leído antes! ¡Cuántos temas distintos trataban los autores tales como los egregores, campos energéticos, descripciones de diversos planos no materiales, cuerpos sutiles del hombre, instrucciones sobre el modo de vida correcto…! Pero por alguna razón ninguno de ellos escribió sobre el Amor de Dios, el amor hacia Dios, sobre Dios como el Amigo más íntimo… Y cabe preguntarse si alguno de esos autores llegó a conocer a Dios realmente…

Ya que casi todos los libros, en esencia, consideraban de alguna forma que el hombre vive en un mundo hostil, y que puede defenderse de él, conociendo el funcionamiento de ciertas leyes…

… Quería mucho compartir mis descubrimientos con mis amigos y colegas del trabajo. Pero me sucedió lo que muchos buscadores espirituales enfrentan, esto es, —que los conocimientos que para uno se han convertido en los mayores descubrimientos posibles en la vida de cualquier persona y que se quieren contar al mundo entero— a la gente que nos rodea les parecen meramente insignificantes o simplemente incomprensibles y sin remedio…

Esto se manifestaba especialmente cuando mis conocidos leían libros que, según yo, debían abrirles nuevas perspectivas en la vida. Pero por alguna razón en esos libros solo notaban la capa más superficial, sin percibir lo que realmente había de valioso en ellos.

Cuando una vez le pregunté a un amigo, que había leído el primer tomo de Castaneda, de qué trataba el libro, me respondió que trataba de magos-hechiceros y de cómo guerreaban entre sí. Más tarde encontré opiniones de que los libros de Castaneda se dedicaban a describir el uso de plantas alucinógenas. Otros creían que Castaneda exponía los fundamentos de la brujería.

Por alguna razón, muchos lectores no notaron que en esos libros se muestra muy claramente a qué alturas espirituales puede llegar el ser humano.

Cuando leía las Enseñanzas de Don Juan Matus dirigidas a Castaneda, ¡mi corazón cantaba de alegría! Sentía el estado de libertad y la fuerza del espíritu del que Él hablaba. Aplicaba Sus principios a mi vida y veía a través de estos qué necesitaba cambiar en mí. Sus enseñanzas me dieron la fuerza para romper con los estereotipos habituales de vida y mirar de forma completamente nueva a mí mismo y a mi modo de vida.

… En aquel tiempo sentí agudamente que carecía de tiempo íntimo para trabajar sobre mí mismo. Durante el día en el trabajo estaba siempre rodeado de otros empleados, y después del trabajo regresaba al albergue en cuya habitación tampoco vivía solo. Entonces soñaba: «¡Qué bien sería vivir solo!… Podría meditar y leer libros en un ambiente tranquilo…».

Y Dios no tardó en organizarlo todo para mí. Pronto como por «casualidad» me ofrecieron un trabajo en el extranjero, donde viviría solo y gozaría de las condiciones con las que venía soñando.

El lugar al que llegué tenía un hermoso paisaje que favorecía la expansión de la conciencia. Una zona alta desde la que se veían amplios espacios alrededor, una cadena de montañas tras las cuales se ponía el sol por las tardes, la cúpula del cielo cubriendo el valle… Y así, cuando en el cielo azul de extremo a extremo del horizonte se extendían los cirros*, esto me ayudaba aún más a abrir la conciencia en toda su amplitud.

Mas lo profundo de esas meditaciones se hizo accesible para mí no de inmediato, sino después, cuando empecé a dominar el Buddhi yoga.

Desde el principio, Vladimir me indicó aprender a mover la concentración de la conciencia dentro de mi propio cuerpo, y a limpiar y desarrollar los chakras y los meridianos principales.

… Al encontrarme en un nuevo entorno, con alegría, puse manos a la obra. Por las mañanas, meditación… por las tardes después del trabajo, lectura de libros. Hice una lista de lo que quería cambiar en mí, en particular en mi relación con los demás, y trabajé en ello.

Dios me ayudaba a descubrir defectos que yo mismo no notaba. Por ejemplo, de repente me llegaba una respuesta que no venía de mí a algún planteamiento que me acababa de surgir —de modo que era imposible no reconocer ahí la Voz de Dios—. Y me invadía la alegría: «¡Dios realmente me presta atención, se comunica conmigo de esta forma!».

Así, poco a poco, comprendí que Dios no está en algún lugar lejano, es decir, un Observador Juez indiferente a todo lo que ocurre en la Tierra. ¡No! ¡Él está realmente presente y participa en mi vida —como el Amigo más íntimo—!

* * *

… No obstante, Dios aún no estaba incluido en cada recodo de mi vida.

Una noche de Año Nuevo sería el punto de inflexión en este sentido.

Desde la infancia estaba acostumbrado a que el Año Nuevo había que recibirlo en familia o con amigos, cenando y viendo televisión. Pero esta vez decidí no buscar compañía, sino intentar pasar esa noche de otra forma —a solas con Dios—. En parte me impulsó a ello la creencia que reformulé para mí así: «con las intenciones que arranques el año, así lo vivirás». Quería mucho que mi vida se llenara de un sentido superior. Y decidí quedarme esa noche a solas con Dios, recibir el Año Nuevo pensando en cómo quería vivir el año que comenzaba.

Al quedarme solo en la habitación, revisaba de nuevo los libros, releía en ellos pensamientos que causaban mayor resonancia en mi corazón, planificaba cómo aplicar a mi vida los principios allí formulados, y reflexionaba sobre cómo quería vivir en adelante…

¡Y esa velada resultó estar llena de una sensación cercana a Dios, muy íntima!

Comprendí entonces que precisamente la interacción con Dios es lo más importante en la vida, que eso es incomparablemente más importante que hacer carrera o aspirar a la prosperidad financiera. ¡Entonces formulé muy claramente para mí que quería vivir de ahora en adelante precisamente así, cerca de Dios!

* * *

Después de esto el curso de los acontecimientos en mi vida se aceleró.

Con la ayuda de varias molestias que aparecieron en mi cuerpo, Dios me llamó la atención sobre la necesidad de activar el cuerpo, pues llevaba un estilo de vida demasiado sedentario, trabajando constantemente frente al ordenador.

En uno de los libros de Vladimir Antonov se explica la técnica de la carrera meditativa, así que empecé a hacer carreras regulares combinadas con meditaciones. También, hacía varias veces al día gimnasias cortas. Y tras leer sobre los principios de la «alimentación selectiva», empecé a procurar evitar combinaciones indeseables de alimentos durante las comidas.

Todo esto dio un excelente resultado. El estado de languidez constante del cuerpo fue suplantado por una nueva vitalidad, ¡como si un torrente de nuevas fuerzas hubiera entrado en mi vida cotidiana! Y esas nuevas fuerzas ayudaban a avanzar con más éxito en el plano espiritual.

Luego, me fue confirmado muchas veces cuán importante es para el dominio exitoso de las meditaciones —tener un cuerpo sano y lleno de fuerzas—. Sin mencionar que así es simplemente mucho más agradable vivir, en comparación con «arrastrarse por la vida» con un cuerpo lánguido y débil que constantemente tiende a enfermarse.

… Afuera en la naturaleza justamente transcurría la primavera, trayendo consigo el despertar y la floración de todo alrededor. En la ciudad florecían los árboles en las calles y en los jardines se abrían las rosas. Al admirar esa belleza —yo también me llenaba del estado armonioso de la estación—.

La primavera es una época maravillosa para sintonizarse con la belleza y la delicada sutileza de la naturaleza en flor. ¡Es especialmente bueno por las mañanas salir al jardín o al parque y allí recibir el amanecer, hacer ejercicios, meditar, llenarse de la luz solar matutina!… ¡Tan solo media hora transcurrida así cada amanecer —puede cambiar milagrosamente el estado interior durante todo el día—!

Con la llegada de la primavera en los bosques aparecen las «alfombras» de flores, y en las ramitas antes desnudas de árboles y arbustos aparecen los brotes de las nuevas hojas verdes. En ese momento son especialmente bellas y tiernas…

Otra actividad hermosamente sutil es, escuchar cómo los pájaros reciben el amanecer. Para ello hay que llegar al bosque aún de noche, preferiblemente cuando el día promete ser claro. Oiremos cómo gradualmente aumenta el coro de pájaros y el júbilo que alcanza cuando el Sol está a punto de aparecer en el horizonte. ¡Cada pájaro entona a su modo su canción de alegría al día que luminoso llega! Y cuando al fin el sol lo ilumina todo —los pájaros pronto callan, iniciando sus quehaceres diarios—.

Pero no solo voces de pájaros se pueden oír en el bosque primaveral. Durante el deshielo, se escuchan los murmullos de los arroyos revividos. Escuchando sus voces… descubriremos que entre ellas no hay ni una igual. En cada nuevo remolino el arroyo murmura de forma diferente, y muchas veces se puede encontrar un sonido sorprendentemente tierno y sutil. De esa ternura y sutileza se puede llenar también uno mismo si «escucha» con el corazón espiritual.

* * *

Yo vivía mis días así… en alegría conjunta con toda esa exuberancia primaveral. Pero aun así no era la estación lo que más me ocupaba. Mi vida cambiaba gradualmente. Al igual que mi cuerpo se llenaba de nuevas fuerzas tras la sanación —también en la vida del alma apareció la sensación de que ante mí se abría un nuevo espacio aún inexplorado—.

Esto estaba relacionado con que yo prestaba cada vez más atención a Dios —y Él se volvía cada vez más cercano a mí—. En esto me ayudaban especialmente los libros.

Por las mañanas leía al menos un párrafo del folleto «Conversaciones espirituales»*, grabando los consejos de Dios como lema para el día en curso. Por ejemplo:

«Aprende a amarme como Yo te amo a ti, como Yo amo a todos».

«¡Sed perfectos como Dios es perfecto!».

«¡La alegría debe establecerse en tu alma! ¡Y que nunca nada ensombrezca esa alegría! ¡Y que siempre fluya como luz desde tus ojos —la alegría del alma—!».

«Quiero que pienses en Mí constantemente —con amor, alegría y luz en el alma—»…

Estos y otros principios-mandamientos procuraba sentirlos, vivirlos durante mi día laboral. Y por las noches, antes de dormir, leía las enseñanzas de Sri Sathya Sai Baba, también aplicándolas a mi vida.

… ¡Cuánta inspiración, cuánta ayuda en el Camino puede recibir el buscador espiritual de la lectura de buenos libros espirituales! Y a veces tal lectura puede producir un efecto especialmente fuerte.

Así me ocurrió al leer «Autobiografía de un yogui» de Paramahansa Yogananda*. Su libro estaba lleno de emociones de amor a Dios. Esas mismas emociones me llenaban también a mí cuando lo leía.

En ese entonces aún no sabía que Yogananda había alcanzado la Divinidad, convirtiéndose en parte integral de Dios-Padre, y que aún hoy, tras haberse procurado el Maha Samadhi* y haber desencarnado, continúa trabajando con quienes de alguna forma se conectan con Él, guiándoles desde Su estado no encarnado. Tales Maestros Divinos a menudo tocan con Sus Conciencias a quienes en algún momento leen los libros escritos por Ellos, o libros dedicados a Ellos.

Así, Yogananda llenaba Consigo mi anahata en aquellos días. Gracias a esto pude sentir aún mejor la presencia de Dios en mi vida.

Al igual que los enamorados que con cada nuevo día descubren una vida cada vez más plena y hermosa en pareja, llena de la alegría del encuentro y la comunicación con la persona amada, más las sensaciones antes desconocidas de apertura de dos corazones llenos de amor… —así también yo descubría para mí una vida en la que sentía la presencia constante de Dios dentro de mí, sentía que Él como Corazón Divino Amoroso estaba siempre cerca y en inmediata proximidad a mi corazón, y que también yo vivía dentro de Él—. Así, tras esfuerzos sostenidos en esa dirección, bastaba con dirigirme a Dios con el anahata para que inmediatamente me llenara con la ola de Su Amor en respuesta.

En cada incidente inesperado procuraba ver Su participación. Y todos los acontecimientos futuros empecé a mirarlos no como algo con lo que debía lidiar solo, sino como algo que viviríamos juntos, ¡Dios y yo!

Dejé de considerar que vivía solo en este mundo, o que las cosas solo me sucedían a mí, como alguna desgracia, por ejemplo. Al contrario, empecé a percibir todos los acontecimientos como desafíos que debía hacerles frente en una vida conjunta con Dios —una vida en la que en cada momento Él estaba conmigo y éramos un equipo—.

Otras experiencias maravillosas me sucedieron con la lectura de los libros escritos por Sathya Sai Baba y otros libros escritos sobre Él. De ellos supe que Él fue un Avatar que muy recientemente vivió en el sur de Bharat (la India).

Krishna, Jesús, Babaji, otros grandes Maestros Divinos estuvieron encarnados alguna vez en el pasado, y yo los conocía como figuras históricas, envidiando a quienes tuvieron la suerte de comunicarse con Ellos. ¡Pero resultó ser que un Mesías Divino semejante a Ellos vivió también en nuestros días no hace mucho!

Al principio traté esta información con cautela, pues no es raro que personas mentalmente enfermas o criminales en busca de nuevas víctimas se proclamen «reencarnaciones» de Jesucristo o de otras Grandes Almas. Pero cuanto más leía sobre Sai Baba, más me convencía de que Él era realmente Divino. Y no solo porque realizó los milagros más increíbles de los que daban testimonio todos los autores de los libros sobre Él. Sino porque demostró la Perfección Divina con Su propia vida y con los conocimientos que transmitía a las personas. Y, como Él mismo decía: «Mi vida es Mi mensaje».

¡Cuánto más cercano y cuánto más querido se volvía para mí Sri Sathia Sai Baba con cada libro que leía! Sentado en la habitación leyendo esos libros, a menudo sentía que mi cuerpo y el espacio alrededor se llenaban de Su Amor. Solo después comprendí que en esos momentos Sai Baba mismo estaba realmente presente en mi habitación, pero, por supuesto, no con Su cuerpo, sino con Su Conciencia.

Y les comparto que fue gracias a Él específicamente que tuve la suerte de dar con Vladimir Antonov.

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