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Cómo conocer a Dios/La vida de los monjes científicos La vida de los monjes científicosEl modo de vida de nuestro grupo de monjes científicos no guarda ninguna semejanza con el de un trabajo común. Nuestra vida no se divide en «trabajo» y «tiempo libre», en días «laborables» y días «festivos». Vida y trabajo aquí constituyen una unidad, pues el trabajo para nosotros es la esencia misma de la vida. Y de «tiempo libre» simplemente no disponemos. Nosotros participamos conscientemente en el proceso de la Evolución universal, en el cual también están implicados —aunque habitualmente sin darse cuenta— todos los seres humanos y todas las demás criaturas vivientes. En este momento pongo el acento no en la evolución de las especies biológicas sobre el planeta Tierra, sino en la Evolución de la Conciencia Universal. Precisamente ser consciente de pertenecer a esta Evolución y comprender la perspectiva de participar en ella —pueden llenar la vida de cada persona de un sentido supremo y hacerla, entre otras cosas, verdaderamente feliz—. Pero, por desgracia, solo un número extremadamente pequeño de personas comprende realmente lo que es la Evolución de la Conciencia. Siendo el principio dominante de interacción del hombre con el mundo circundante el consumismo, el uso de este mundo para sí mismo, para proveerse de la mejor existencia posible ahora o —en caso de adherirse a ciertas doctrinas religiosas— tras la muerte del cuerpo. Solo al reconocer la Evolución universal del Absoluto, el hombre puede comprender que su destino no es una vida leve y breve en la Tierra seguida de una desaparición rápida, ni tampoco una existencia eterna e inmutable tras la muerte en el paraíso o en el infierno… ¡Pues precisamente la Fusión con Dios, el Ser Universal —y no con cosas materiales menores— es lo que Dios precisamente planificó para el ser humano! Pero ¿cómo llevarlo a cabo? ¿Dónde encontrar a Dios, cómo fundirse con Él? Precisamente en esta dirección trabaja nuestro grupo. Estudiamos a Dios y, bajo Su dirección, elaboramos métodos para desarrollar la conciencia humana hasta el nivel Divino. Lo hacemos para todas las personas de la Tierra. Cualquier persona puede servirse de los conocimientos que hemos acumulado acerca de las leyes de la Evolución y de los métodos de desarrollo de uno mismo. Estos conocimientos podrían servir de fundamento para el desarrollo ulterior de toda la civilización humana. En ese caso la humanidad sería percibida por las personas no como la población de múltiples países que rivalizan entre sí por beneficios «inmediatos», sino como una comunidad de almas unidas por una única y común tarea espiritual de orden universal. Deseamos difundir estos conocimientos lo más ampliamente posible por toda la Tierra, y precisamente así nos plantea Dios la tarea de nuestro Servicio. El Padre, así dice: «¡Difundid el conocimiento sobre Mí por todo el planeta! ¡Es necesario hacer que toda la Tierra conozca y hable de ello! ¡A cada persona debe resultarle accesible la verdad acerca de Dios, acerca de Mí, y acerca de por qué aparecieron en la Tierra los seres humanos y todo lo que en ella habita! »¡La situación en la Tierra debe cambiarse radicalmente! ¡A partir de vosotros, con vuestra participación, debe empezar a desarrollarse en la Tierra una nueva cultura! ¡El principio del Corazón Espiritual debe ser puesto como fundamento por todos! »¡Salid al nivel gubernamental, a los círculos científico-religiosos! ¡En el ámbito científico introducid un nuevo paradigma de conocimientos científicos sobre la naturaleza del Ser! ¡A través de internet informad a pedagogos de distintos países, a representantes de diversas formas de arte! »¡Difundid el conocimiento por todos los canales! ¡Utilizad la televisión, traducid los libros a distintos idiomas! ¡Llevad la más amplia difusión por toda la Tierra! * * * Dios guía así a nuestro grupo, planteándonos nuevos hitos en la transformación de nosotros mismos y mostrándonos posibilidades futuras. En particular, en este Camino la persona debe pasar de la sensación habitual que percibe de sí desde la infancia y sus limitaciones en la escala terrenal habitual, —a la sensación de la Infinitud del Océano del Creador, y a la sensación de uno mismo ser ese Océano—. Esto es lo que Dios nos dijo acerca de esta etapa: «¡Instalaos en este nuevo estado —el estado de infinitud de Mí—! ¡Cualesquiera que sean los acontecimientos que ocurran en el plano material, comparadlos con la Infinitud de la Vida en Mí! Esto, os ayudará a liberaros de la influencia de los factores terrenales aparentemente desfavorables. »¡Actuad desde el Océano, siendo el Mismo Océano! ¡Este debe convertirse en el estado habitual y natural de todos! »¡En el estado del Océano debéis caminar por la Tierra! * * * El Creador, como Corazón Espiritual Amoroso, desearía regalar a cada uno de nosotros el Don Supremo, es decir, —regalarse a Sí Mismo—. Pero para ser capaz de aceptar este don, la persona debe amar a Dios con la misma intensidad y también desear entregarse completamente a Él. ¡Que tal deseo esté también en cada uno de ustedes, queridos lectores! ¡Pues precisamente ese deseo será la garantía de vuestra futura Victoria!
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