|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Cómo conocer a Dios/Maestros Divinos Maestros Divinos*Los Maestros Divinos no encarnados, denominados colectivamente Espíritu Santo (Brahman), son numerosos. Ellos son Quienes a lo largo de toda la existencia del universo, se han desarrollado hasta fusionarse en el Océano de la Conciencia Primordial*. Al convertirse en Uno con el Creador, estas Almas Divinas se manifiestan luego como Maestros Divinos, emanando de Él, e implementando la Voluntad del Creador en Su Creación. Algunos de Ellos son bien conocidos y Sus Enseñanzas se han convertido en patrimonio de la humanidad. Mas también hay de Quienes poco se sabe, y no se ha conservado ni en la memoria de los pueblos ni en la historia conocida —cómo vivieron ni qué predicaron—. A veces, Ellos vuelven a encarnarse en cuerpos humanos. Entonces se les llama Avatares, Mesías, Cristos*. Lo hacen por amor a la humanidad —cosa de ayudarnos de una forma más cercana y palpable—. Me gustaría contar, aunque sea un poco, sobre mi experiencia de comunicación con Ellos. * * * He vivido en este mundo de tal manera que nunca me enteré sobre la existencia de Sathya Sai Baba* o de David Copperfield*. ¡Ni siquiera había oído hablar de Ellos hasta que leí los libros de Vladimir Antonov! Me empecé a familiarizar con Sathya Sai Baba al leer el libro de Vladimir: «Sathya Sai, el Cristo de nuestros días». Tras leer este libro —escrito con la bendición de Sai Baba y bendecido por Él en su Ashram en India cuando se publicó— comencé a sentir Su Presencia Divina. Esto fue en aumento cuando leí otros libros escritos por Sathya Sai y otros más de distintos autores narrando sobre la vida y milagros de Sathya Sai. El significado profundo de ciertas frases comenzó a revelárseme gracias a la ayuda directa que recibí de Sathya Sai, más allá de lo que yo lograba por mi cuenta con la lectura ordinaria. En particular, Él me ayudó a dirigir mis pensamientos en la dirección correcta inundándome con Su Amor, o explicándome los defectos que debía erradicar de mí misma en ese momento. A veces, Él organizaba pequeños milagros, permitiendo, por ejemplo, encontrar y comprar libros sobre Él que no se habían reeditado en muchos años. Una vez, exactamente dos ejemplares, uno para María y otro para mí, Él los puso en mis manos, como los únicos que «casualmente» tenía el vendedor. O una persona desconocida en una librería de repente me regalaba Su retrato… Sentía con confianza la presencia de Sathya Sai en mi vida y anhelaba mi primer encuentro con Él en Su lugar de poder, como probablemente anhelaban Sus devotos que viajan hasta la India para recibir Su darshan*. …Vladimir nos llevó a uno de los lugares favoritos de Sathya Sai, un lugar de poder donde Su Mahadoble* es fácil de ver y donde es especialmente fácil comunicarse con Él. Al llegar, nos quitamos las mochilas, hicimos un pequeño descanso después de un largo viaje y nos sentamos junto al Mahadoble. Vladimir nos comunicó que Sai Baba se acercaba y extendía Sus Manos hacia nosotros, tocando nuestros anahatas en nuestros cuerpos. Luego nos propuso comunicarnos con Sai Baba individualmente. Me aferré con todo mi ser, con toda mi consciencia, al enorme Cuerpo de Consciencia de Sathya Sai y le dije cuánto lo amaba, cuánto me esforzaría por aprender Él… Luego se me acabaron las palabras, y empecé a sentir una gran dicha… Y de manera completamente inesperada, resonaron claramente Sus palabras, dirigidas a mí, a mí que aún no sabía ni podía nada, que estaba apenas al comienzo del Camino, diciéndome: «Todos tenemos un solo Corazón, —el Corazón de Dios—. Ese es tu “Yo Superiorˮ, el que debes conocer, y convertirte en Él». Recordé esas palabras para toda la vida. He vivido con ellas, repitiéndolas como un mantra, como una contraseña que me permitiría entrar en la Morada del Creador. Y luego, cuando almorzamos, Sathya Sai Baba, Jesús y Krishna vinieron a bendecirnos. Cuando Baba se acercó a mí y, de pie detrás de mí, me abrazó como a una niña pequeña, algo en mí simplemente «se desbordó»… Entonces vi claramente Su gran Rostro sonriente inclinado sobre mí. Sathya Sai se convirtió para nosotros en uno de los Espíritus Santos que siempre estaban a nuestro lado. Respondía instantáneamente. Por ejemplo, así: «No temas nada, estoy aquí, a tu lado, siempre contigo. Tu Baba.» Y esas palabras, «Tu Baba», escuchadas desde lo más profundo del corazón, siempre me ayudaban a encontrar fuerza, valentía, paciencia y comprensión de lo correcto que debía hacer en pos de Dios. * * * Nuestra formación continuaba y Vladimir nos trataba con picardía: «Bueno, ¿qué hacemos con ustedes hoy? ¡Prueben esto!» —y nos daba una nueva tarea—. Así conocimos a Huang Di*, uno de los primeros Avatares de la Tierra, que se encarnó varias veces en China. Fue Él quien a través de Lao Tsé, trajo a la luz de este mundo el Tao Te Ching. También es Huang Di «el Inquilino»* o «el desafiante de la muerte» que, amando las bromas extravagantes, le otorgaba conocimientos profundos al grupo del Nagual Don Juan Matus. * * * Un sendero en el bosque. Densos abetos altos alrededor. Un silencio solo interrumpido por el canto de los petirrojos y pinzones. Y he aquí que Vladimir nos presenta a Huang Di. En particular nos cuenta cómo Huang Di una vez condensó tanto Su Cuerpo de Conciencia en ese lugar —que se hizo visible incluso para los principiantes—. Vladimir nos propone invitar a Huang Di a nuestros anahatas y comenzar a comunicarnos con Él allí. …Al principio no podía ver el rostro de Huang Di en mi anahata, así que empecé a imaginar su imagen a partir de las descripciones que Vladimir nos daba; mi formación artística me lo permitió sin dificultad. Un rostro del norte de la China con pómulos anchos… De repente, Sus ojos cobraron vida y brillaron con alegría, Su sonrisa se llenó de ternura… ¡Su rostro adquirió vida y se hizo real! Empecé a hablar con él, pero no podía oír sus respuestas debido a la excitación que me abrumaba, no podía relajarme lo suficiente como para percibir sus respuestas. Entonces le pedí a Huang Di que respondiera con guiños: si era «sí», que guiñara el ojo izquierdo y si era «no» el ojo derecho. ¡Y… funcionó! Le hice algunas preguntas, y luego, pidiéndole Su consentimiento de la misma manera «con guiños», me aferré con las manos de la conciencia al cuello de Huang Di y le pedí: «¡Llévame más allá del “Espejo”!» * E inmediatamente me encontré en un estado de paz cálida y densa en el eón de protoprakriti*. Continué «cabalgando» en el cuello de Huang Di una y otra vez, pidiéndole que me «llevara» por los eones, hasta que escuché muy claramente: «¡Perezosa!» Esto fue dicho con tanta ternura que ni siquiera me molesté, sino que continué alegrándome por otra experiencia asombrosa de conocer al Dios Real, Vivo, Tierno, Alegre, en todo Su Poder Universal. Sin embargo, después, al recordarlo, me sentía «apenada» por mi propia audacia. ¿Cómo es posible? ¿«Molestar» así, de manera tan infantil, a una Deidad ante la cual, en mis ideas aún recientes, solo se le podía mirar de rodillas? Pero, ¿qué hacer? ¡Ahí está Él, Huang Di, Vivo, Real! ¡Y caer de rodillas ante Él… no tenía mayor sentido, ya que Él no necesita de esto en absoluto! ¡Y además, intenten encontrar rodillas en el corazón espiritual… imposible ya que solo tiene —manos de amor—! * * * El tiempo volaba de una manera incomprensible. Por un lado, en el mundo material, continuaba mi vida habitual con trabajo, familia y mis parientes que seguían preguntándose: «bueno, ¿cuándo se le irá a pasar a Anna esta “tontería”, cuánto más le puede durar?» Y por el otro lado estaba el tiempo en que vivía en un mundo donde solo existía Dios. Y en ese mundo, Vladimir nos guiaba muy rápido, sin darnos respiro. ¡Habían pasado solo unos meses desde el inicio de nuestras sesiones! …Ahora seguíamos a Vladimir que nos conducía a recibir el amanecer primaveral en un lek* de urogallos. Emprendimos el viaje iniciada la tarde sin tiendas de campaña. …Al bajar del autobús, nos sumergimos rápidamente en el silencio del bosque nocturno. El cielo estrellado parecía descender y cubrir la Tierra con una manta acogedora de estrellas. Sentí que podía tocar el cielo con las manos o expandir mi consciencia hasta el punto de tocar la espesura del cielo bajo su manto de luceros. Y al mirar atrás desde el infinito, podía sentir como si el pequeño planeta Tierra flotara en una suave extensión universal. Llegó Huang Di, y toda la infinidad se llenó de Su presencia. La frescura de la noche desapareció de repente, y todo a nuestro alrededor se llenó de una Paz cálida saturada de Su Amor. La felicidad me llenaba hasta casi desbordarme. Pero la Paz de Huang Di era más fuerte, y por ello mi felicidad brillaba como una más de las pequeñas estrellas en el Océano Universal de Huang Di. …Llegamos a un lugar donde podíamos pasar la noche. En completa oscuridad, recogimos leña para la fogata. Cuando finalmente el fuego se encendió, Vladimir propuso que todos nos acomodáramos y durmiéramos unas tres horas hasta el amanecer, cuando iríamos más cerca de los urogallos. No podía dormir: «¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago en esta Tierra? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué debo hacer?» —cuántas veces Vladimir nos propuso no olvidar estas preguntas—. Pero ahora, no solo debía hacérmelas, sino responderle a Dios directamente, con plena conciencia y plena responsabilidad: «Soy una partícula del Absoluto, una pequeña gota viva de conciencia encarnada para crecer y darse cuenta de su Unidad con el Dios Único hacia Quien todos debemos aspirar». Y ahora mismo debía declararle mi disposición de ir hacia Él sin vacilaciones. ¡Porque no hay nada en la vida más importante que esta Meta primordial! Huang Di se conectó a mis vivencias y me recordó un pensamiento que leí en uno de los libros de Vladimir: «Dios nunca pone a una persona pruebas que no pueda superar en ese momento»; pero tampoco se puede vivir soñando con algo Superior sin esforzarse al máximo para alcanzar la Meta. No basta con inclinarse a favor de Dios, hay que desechar diaria y constantemente todo lo que en la vida impida avanzar hacia Él hasta el límite de las posibilidades y las fuerzas… …Tomada de la mano de Huang Di, pude dormir un rato. …Nos levantamos antes del amanecer y, recogiendo nuestras cosas en silencio, nos dirigimos hacia donde debían estar los urogallos. En la niebla del amanecer, las becadas volaban, batiendo suavemente sus alas sobre nuestras cabezas. Pronto, las agachadizas comenzaron a generar sus deliciosos zumbidos. Elevándose y luego descendiendo cortando el denso aire matutino con las plumas de la cola extendidas, producían el inimitable sonido de un balido que de una forma muy lejana se asemeja a balidos de cabras.* También escuchamos a los urogallos… …El sol subía cada vez más alto e iluminaba los campos. Las aves llenaban el espacio con sus voces. Cada especie se unía al coro general con cada nueva intensidad de la luz. Los machos de todas las especies se esforzaban al máximo en sus cantos para atraer a las hembras —para que de ese ritual, de ese amor y de esa unión— nazcan sus hijos que aprenderán luego de sus padres los cantos y rituales de su especie particular. Vladimir nos hablaba de todo esto, nos enseñaba a distinguir las voces de las aves. Y de pronto, condensando su conciencia en una nueva forma, imitó cómo canta el urogallo, para que cuando se acercasen los viéramos más de cerca. …Si alguien tuvo la suerte de ver al actor Lebedev* interpretando a un viejo caballo en la obra “Kholstomer” de Tolstói, sabe que un hombre puede representar a un caballo de una manera tal —que ningún otro caballo podría—. Ahora intentemos imaginar a un hombre similar en una pequeña colina entre los campos, transformándose lentamente en un enorme urogallo cantor. Inclina el torso y la cabeza, extiende las alas hasta que casi tocan el suelo, despliega en abanico las grandes plumas negras con reflejos azules de su cola majestuosa, y comienza primero a «calentarse», balanceando el torso y emitiendo los «graznidos» del urogallo, para luego llevar este sonido hasta una canción exultante… Luego Vladimir se endereza, retoma su forma humana, y ríe felizmente, y nosotros felices reímos con él. …Y el amanecer lo recibimos en la colina dentro del Mahadoble de Sathya Sai —que emana de la profundidad del Océano infinito del Creador—. …Luego nos bañamos en el agua helada de un río que apenas había perdido su hielo y tomamos el sol bajo un sol cálido casi veraniego. Todas las emociones, tensiones y entusiasmos de esa noche se lavaban con el nuevo día, que debía vivirse para Dios, aquí y ahora.
|
| ||||||||
|
| |||||||||