|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Cómo conocer a Dios/Aves Aves«Sepan que todos los seres Krishna [6] Vladimir, no solo nos enseñaba el arte de la meditación. ¡Nos enseñaba todo! Incluyendo la armonía y belleza de la naturaleza, y la interacción cuidadosa y tierna con cada alma encarnada. Cada ser vivo —hierbas, árboles, pequeñas arañas, hormigas— se convertía para nosotros en alguien a quien debíamos amar sinceramente. Era inaceptable, por ejemplo, «no notar» una hormiga en un sendero del bosque y pisarla accidentalmente. O pasar de largo frente a una hoja de metal oxidado que aplastaba una hierba joven. Él siempre notaba si algún ser vivo necesitaba ayuda, por ejemplo, liberaba un árbol joven de una rama seca que colgaba sobre él, o cortaba las cuerdas que alguien había atado y dejado en los troncos de los árboles impidiendo su crecimiento, etc. Vladimir no solo nos explicaba con palabras cómo actuar. Él siempre actuaba así, vivía así, —según las leyes del amor hacia cada criatura—. Y nosotros aprendíamos de él, viendo cómo lo hacía. Además, nos enseñó a reconocer a las aves por sus cantos. Esto me resultaba muy difícil… En la primera primavera de mi aprendizaje, los cantos de las aves se mezclaban naturalmente en una única armonía de felicidad por los primeros toques de Dios, sin dejar en mi memoria sus nombres ni sus cantos. Mis habilidades en ornitología* se limitaban a distinguir por el oído un cuervo de un cuco. Si lograba ver un pájaro, podía llegar a diferenciar un zorzal de un pájaro carpintero, o un petirrojo de un pinzón.* ¿Pero por su canto… y cuando cantaban todos juntos? ¡Imposible! Y Vladimir preguntaba: «¿quién está kekeando?» Entonces sabía la respuesta: «kek-kek» lo hace el pájaro carpintero moteado ya que lo había anotado en mis notas. El pájaro carpintero negro dice «ya sel» cuando se posa en un árbol, y «silba» como un policía anunciando a todos que alzó vuelo. «Riumit» hace el pinzón. El arrendajo «grazna» suavemente. Y los zorzales, cuando simplemente charlan entre ellos o ahuyentan otras aves de sus nidos, hacen un sonido chirriante.* Pero si eran todos zorzales los que cantaban, era imposible para mí saber si era un zorzal negro, zorzal de cejas blancas, zorzal cantor, zorzal de las bayas, etc.… ¡Imposible de acertar! ¡Y no podía anotar cada una de sus onomatopeyas en mis notas! Solo con el tiempo entendimos —que no se puede realmente amar a Dios— si no se ha albergado en sí mismo el amor por todos los seres vivos —Sus hijos—. Y para amarlos de verdad, hay que de alguna forma ubicarlos, conocerlos, entenderlos y tratar de reconocerlos … Vladimir, logró superar nuestra resistencia a este nuevo conocimiento. Y no solo nos enseñó a reconocer cerca de nuestra gran ciudad, urogallos, agachadizas, becadas, zarapitos, zorros, liebres y castores… Nos ayudó a convertimos en testigos y partícipes de un milagro transformador, cuando, aprendiendo a vivir en sutil armonía con la naturaleza —los animales y las aves dejaron de temernos y se acercaban volando o posándose cerca—. Las carboneras y arrendajos del bosque (no de los parques), comen ahora sándwiches de queso directamente de nuestras manos. Las lagartijas permiten que acariciemos sus espaldas calentadas al sol. Los petirrojos, con esos enormes ojos para sus pequeños cuerpos esponjosos, se preguntaban: «¿quiénes son estos grandes seres que irradian amor?» Se acercaban y se posaban en ramas muy cerca, regalándonos sus maravillosos cantos. Más tarde, al filmar aves para nuestros videos, realmente conocí sus vidas y las amé como Vladimir quería. Y aprendí sus cantos, invitando a petirrojos y pinzones, zorzales y currucas a cantar sus arias al micrófono —para aquellas personas que, tal vez, escucharían sus voces por primera vez en nuestras filmaciones—.
|
| ||||||||
|
| |||||||||