English Español Français Deutsch Italiano Český Polski Русский Română Українська Português Eesti 中文 日本

Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Prueba de fortaleza y durabilidad
 

Cómo conocer a Dios/Prueba de fortaleza y durabilidad


Prueba de fortaleza y durabilidad

… ¡La pureza ética en una persona con potencial, debe hacerse absolutamente incondicional,

debe hacerse esencia del alma del adepto!

Kim [6]


Releí las Enseñanzas de Jesús, Krishna, Babaji, Sathya Sai, y todos los libros de Vladimir, tratando de captar la esencia profunda de la Sabiduría Divina y aplicarla a mi propia vida.

Dios me decía:

«Sin un trabajo constante y perseverante sobre uno mismo, no se puede lograr éxito en el Camino Espiritual. Transformarse uno mismo conforme a Mi Voluntad —no es un juego— es un trabajo extremadamente serio, minucioso y escrupuloso día tras día. Hay que emprenderlo con total responsabilidad y plena comprensión de su importancia esencial. Aquí no cabe la ligereza, la irreflexión, ni la falta de disciplina. Solo con la debida diligencia y paciencia, actuando con total sinceridad y honradez, es que es posible trabajar sobre uno mismo y avanzar sólidamente en este Camino.

»¡Si no, resultaría sencillo, sin siquiera advertirlo, destruir y quebrantar lo más valioso que existe en las almas!

»¡Cultiva con calma y paciencia en ti —tan solo lo más elevado—!

… Y la asistencia de Vladimir en esta labor resultó inestimable.

Casi nunca nos indicaba directamente qué defectos debíamos corregir cada cual en sí mismo. Sino que mediante distintos ejemplos de situaciones cotidianas extraídos de su vasta experiencia vital, trataba de conducirnos a comprender por nuestra propia cuenta nuestros desórdenes éticos. Y lo hacía siempre con maestría y sin repetir nunca el mismo enfoque.

Por ejemplo, explicaba, como quien habla en general y de manera impersonal, sin referirse directamente a mí:

«Debemos de forma plena emplear la autorregulación psíquica y esforzarnos siempre por vivir en estados emocionales luminosos y alegres de conciencia. Una cosa es cuando una “criaturita” pequeña y sucia con una pequeña conciencia (del tamaño de su capullo) genera emociones negativas, —el daño que causa a los seres circundantes es mínimo—. Pero otra muy distinta es cuando una conciencia gigantesca, en sus estados burdos, hiere y daña a quienes la rodean, —el daño puede resultar enorme—. ¡Así, nunca, pase lo que pase, una consciencia desarrollada debe abandonar el estado de amor! ¡Y ante Dios somos responsables de ello! *

… Al principio me intimidaba esa desnudez del alma delante de Vladimir y trataba «de esconder» de él mi «yo» inferior. Pero luego comprendí que si me cerraba, ¡jamás podría verdaderamente transformarme como alma! Y que era una gran virtud —dejar de esconderse y abrir el alma al Maestro— para que golpee con precisión en los vicios ocultos o en mí completa si correspondía. Y al instante recibí la confirmación de lo acertado de mi visión. Otro de nuestros jóvenes compañeros, que vivía en otra ciudad, le escribió a Vladimir una —súplica—: «¡Hace mucho que no me reprendes!… ¡Y eso ayuda tanto a acercarse a la Perfección! ¡Por favor, ayúdame!»

… Seguíamos yendo al bosque para el trabajo meditativo. Intentaba meditar, pero mis esfuerzos no complacían a Dios y Él continuaba sin dejarme acercarme a Él. No podía, como antes, fundirme con Él en conciencia, simplemente no me era posible.

Y Dios subió la intensidad. Se comenzó a generar en mí una sensación de dolor físico casi permanente. No en un lugar específico del cuerpo, sino en todo el cuerpo a la vez. Muy a menudo sentía dolores en la región del corazón. Fui a la policlínica y me hicieron un electrocardiograma. Cuando luego acudí a la consulta, el médico, observando con atención las líneas en la cinta de papel, dijo:

«¡Pero usted tiene un corazón perfectamente sano!…»

Comprendí que era inútil molestar a los médicos.

… Pero no mejoraba. Dios exigía de mí un cambio total y profundo de mi esencia a través de mis propios esfuerzos.

Finalmente, Dios me habló:

«¡Dirige toda tu atención hacia lo profundo de Mí, no hacia tu cuerpo! ¡El amor hacia Mí lo soluciona todo!

»¡Quiero de ti una colaboración creativa permanente en conjunción Conmigo en todos los aspectos de tu vida! ¡Además —oblígate a vivir en estado de entrega—, esto no es un juego!

»¡Elimina en ti toda manifestación de violencia! ¡Aprende a no querer nada de nadie!

… Vladimir, también me dijo en esa ocasión algo que me ayudó enormemente:

«Larisa, Dios te ayudará, ¡pero no hará nada por ti! Se necesita saber de qué estas hecha verdaderamente.»

… Empecé a observarme de forma constante. Rastrear, analizar y controlar los estados de conciencia en los que me hallaba. No quería dañar en absoluto a los seres encarnados y no-encarnados que me rodeaban permitiéndome emociones ajenas a los diversos matices del amor.

Realizando este trabajo, comprendí que el «yo» inferior, generador de pensamientos, es como un ordenador con diversos patrones y programas de respuesta emocional y conductual preinstalados. Cuando aparece una situación u otra en el plano material, se activa un patrón de respuesta ya listo, que, sin embargo, no siempre se ajusta a las normas de pureza ética. Por eso mi «ordenador» necesitaba una reinstalación del sistema. Había que borrar toda la basura de estereotipos erróneos acumulados y cargar un nuevo programa de pureza ética. Y ese programa lo encontré en las Enseñanzas de Jesús, Krishna, Babaji, Sathya Sai y en los libros de Vladimir.

También, comprendí que no se puede ejercer autocontrol ético-emocional, desde los chakras de la cabeza, ya que entonces se activa el manas* —la base del «yo» inferior— y no se logra nada positivo. ¡El «yo» inferior no puede controlarse a sí mismo ni combatir contra sí! Es absolutamente imprescindible mover el «punto de encaje de la burbuja de percepción»* al dantian medio y situar el centro de la autoconciencia en el corazón espiritual. También es necesario aprender a percibirse como conciencia libre del cuerpo, y es precisamente con la conciencia que se puede y debe aprender a pensar sin intervención de la mente y su instinto de supervivencia y acumulación material. ¡Solo una conciencia éticamente pura y sin egoísmo, constituida por el corazón espiritual, es capaz de controlar el manas y gobernar los pensamientos egoístas!

Me planteé las siguientes tareas:

1. Orientar en todo momento todas mis aspiraciones al Creador como objetivo principal de mi vida.

2. Conservar en todo momento la máxima intensidad en los esfuerzos aplicados, sin conformarse con lo alcanzado.

3. Estar atenta en todo momento para autorregularme y aprovechar cada oportunidad para mi autodesarrollo.

… Una vez, encendí el televisor para ver las noticias. Pero en vez de noticias estaban pasando una película donde un maestro de artes marciales orientales ponía a prueba siempre y en todo momento la disposición de su discípulo (quien constantemente fallaba).

En una de esas, el discípulo yacía boca arriba en la tierra entre dos árboles altos. Entre sus copas estaba tensada una cuerda donde se veía una piedra de gran tamaño atada al extremo de ella. Y el otro extremo de la cuerda, en las manos del maestro.

—¿Listo? —preguntó el maestro.

—¡Listo!» —respondió el discípulo.

El maestro soltó la cuerda y la piedra cayó exactamente en el centro del abdomen del discípulo. Éste, soportó el impacto de manera brillante y se relajó lleno de alegría. Cuando inmediatamente después, llegó una segunda piedra que hasta entonces no se veía —y el discípulo, sin esperar ese giro— recibió otro impacto de lleno en el abdomen y se retorcía del dolor.

«¡No listo!» —declaró el maestro.

… Esto me ayudo a ver. Y también a sopesar todo lo que Vladimir me había enseñado al respecto. Tras esto, me lancé a realizar esfuerzos extraordinarios. ¡Porque yo… estoy obligada a convertirme en una auténtica guerrera espiritual!

Pronto el dolor del cuerpo fue cediendo.

Y apoyando toda mi vida únicamente en Dios, desviando todos los indriyas* hacia Sus Profundidades, y confiando solo en mis propias fuerzas, —seguí avanzando hacia Él—.

<<< >>>





Únete a nosotros:

PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
 
Página principalLibrosArtículosPelículasFotografíasSalvapantallasNuestros sitiosEnlacesQuiénes somosContacto