|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Cómo conocer a Dios/Una canción interrumpida… y el arrepentimiento del alma Una canción interrumpida… y el arrepentimiento del almaEl único modo de purificar el alma de los vicios es el arrepentimiento. Pero, ¿cómo arrepentirse? Sobre esto se ha escrito bastante y en detalle [1,5,7], no obstante, contaré mis experiencias. Recientemente, Vladimir nos relató cómo, cuando él aún estaba aprendiendo a interactuar con Dios en la tradición ortodoxa, le ocurrió un caso a resaltar. Aconsejó a un joven amigo ortodoxo que realizara el arrepentimiento que la iglesia proponía. ¡Le dijo que la experiencia lo renovaría! Pasado un rato Vladimir le preguntó: —¿Y qué tal, te arrepentiste? —¡Sí, me arrepentí! —¿Y de qué te arrepentiste? —Pues, no lo sé… —¿Cómo es esto… qué hiciste? —Dije muchas veces así: «¡Soy pecador, oh Señor! ¡Soy pecador, oh Señor! ¡Soy pecador, oh Señor!…» Por mi parte, yo me arrepentí durante mucho tiempo tan solo un poco mejor que aquel joven. Realizaba repasos de mi vida, tratando de extraer de la memoria las situaciones y errores que causaron dolor y sufrimiento a otros seres, pidiéndoles perdón… Y me parecía que había hecho suficiente y que ya había recordado todo… Pero es importante entender que el trabajo de purificación y transformación de uno mismo no termina en solo lo que uno logró recordar del pasado… Dios nos sigue mostrando una y otra vez las cosas que no vimos o no entendimos bien y que aún están sin resolver, incluso después de haberte arrepentido —de todo lo que recordaste—. …Por ejemplo, un día estábamos recolectando flores de cerezo silvestre para hacer miel. Nos acompañaba el Divino Lao*. De repente me sentí muy mal, como si me fuera a morir, casi perdiendo el conocimiento… Intentaba entender cuál era la razón de esto y me dirigí a Lao… —Lao, ¿qué me sucede? —Mira, al arrancar las flores que Yo te enseñé a sostener en las palmas del Amor, es decir, en las palmas del corazón espiritual, lo haces mecánicamente dándoles muerte, y tú pensarás que si es para tú alimento estás en tu derecho… ¡Pero no es del todo así! »Entiende, ¡ellas te dan su vida, su aroma, su amor, y no tienes derecho a tomar estos dones sin gratitud hacia ellas! »Has memoria de todos aquellos hijos Míos en cuerpos vegetales cuyas vidas tomaste en vano… …Y fue cuando recordé los ramos de flores silvestres recolectados en mi infancia, las coronas de dientes de león… Recordé los nenúfares, parientes septentrionales de los lotos indios… al arrancarlos del agua, hacíamos collares con ellos. Rompíamos sus tallos, y luego las hermosas corolas colgaban sin vida moribundas… Me arrepentí y pedí perdón, y aprendí a no olvidar nunca estas lecciones de Lao… …Pero recientemente, cuando la pureza y transparencia energética en mi cuerpo ya se habían vuelto un estado habitual, de repente descubrí una pequeña sombra que no lograba eliminar con ningún método. Durante bastante tiempo lo intenté por mi cuenta, pero no lo lograba… Un día, fuimos al lugar de poder de Babaji*. Él respondía diversas preguntas y nos invitaba a seguir preguntando. Me animé y pregunté sobre la pequeña sombra que no lograba descifrar. Vladimir transmitió la respuesta de Babaji: «Se relaciona con una causa kármica pendiente que requiere arrepentimiento. Viene de tu adolescencia turística.» …¿Adolescencia turística? —pensé. De los viajes de mi infancia y juventud solo tenía los recuerdos más luminosos. Mi papá me había acostumbrado a hacer excursionismo desde muy pequeña. En verano, kayaks y bicicletas; en invierno, esquís. En esos viajes, mi padre como que se transformaba, era otro, se convertía en una persona completamente diferente… Ahora entiendo el mecanismo, en contacto con la naturaleza, su anahata inesperadamente se sumergía en la vida del corazón espiritual, convirtiendo todos nuestros viajes en una feliz comunión con la naturaleza. Por mucho tiempo no pude recordar nada malo que hubiera hecho entonces. Caminatas… los espacios abiertos del río Vuoksi*, una belleza maravillosa donde solo un tercio del espacio es tierra; islas graníticas que emergen de la superficie del lago, cubiertas de bosques de pinos, musgos y líquenes, y todo lo demás es agua, una enorme superficie de agua transparente… Nuestros botes se deslizaban por los espejos de agua, atracábamos y desembarcamos en las islas… Y allí, en las pequeñas hondonadas graníticas, había matorrales, racimos de boletus y hongos porcini, arándanos morados y rojos. Y las rocas graníticas que se elevan sobre el agua invitaban a trepar hasta la cima para ver desde lo alto el paisaje lacustre de una belleza asombrosa… Amaneceres, atardeceres… Mi papá era en estos aspectos un modelo a seguir, nunca cortaba árboles vivos para la fogata, nunca usaba ramas de abetos vivos como base para las tiendas, y mi papá no podía pescar —sentía físicamente el dolor del gusano que había que ensartar en el anzuelo—… Sobre la ética de la alimentación, ni él ni yo ni mi mamá teníamos idea entonces… y, por supuesto, comíamos embutidos y conservas de carne y pescado… …No lograba encontrar esa razón concreta de la que hablaba Babaji. Volví a pedirle que me ayudara… Y entonces, me ayudó a recordar una excursión que fue muy diferente a todas las demás, y que había quedado casi borrada y escondida en las profundidades de mi memoria… Todo fue diferente en ese viaje. Yo tenía unos ocho o diez años. La excursión no la lideraba mi papá, sino un amigo suyo, un cazador y pescador con mucha experiencia. No era en absoluto una persona maligna. Y, de hecho, ear él quien enseñaba a mi padre la vida de excursionismo en los reservorios de agua. …En esa excursión en particular, navegábamos por un río con orillas bajas, pantanosas, cubiertas de arbustos. Cada noche colocábamos una red en el río y grandes peces terminaban siendo víctimas… Y que luego nos los comíamos… Uno de esos días, con alegría y orgullo, este amigo trajo un trofeo, una agachadiza* a la que le había disparado… ¡Eso era! Ahora entendía que había dado con el origen oculto de un acto de inconsciencia de mi parte… Volví a ver el cuerpo muerto del pájaro frente a mí, con la mirada vidriosa de sus grandes ojos redondos, sus suaves plumas marrones y su sorprendente pico largo. En ese entonces, por primera vez, pude darme cuenta de que habíamos matado un ser vivo. Y en vano, ya que ese pequeño trofeo del vano cazador no iba a ser comida suficiente para nueve personas… No puedo recordar si comí o no comí del ave… Pero sí recuerdo haberme escondido de la comprensión, cerrando los ojos del alma por el horror… Y la posibilidad de entender grandes cosas estuvo tan cerca de mí en ese momento… Pudo haber sido la primera elección consciente de mi alma… No obstante, me acobardé, y seguí haciendo lo que hacían todos los demás, pero —con los ojos de la conciencia cerrados a la maldad del momento—… …En ese entonces no sabía nada sobre las agachadizas, ni siquiera las había percibido… Siempre estaba durmiendo cuando, muy cerca del río, sobre los arbustos, volaban estas asombrosas aves con sus largos «picos» hacia abajo, llenando los atardeceres y amaneceres con su «croar y chirriar», su misteriosa e inimitable canción. Ahora, muchos años después, me he informado muy bien sobre la vida de estas aves, he escuchado por horas sus canciones, e incluso las he filmado muchas veces… Ahora entendía muy bien la magnitud de mi culpa. Pedí perdón a esa agachadiza que, obedeciendo el llamado divino de la primavera y el amor, cantaba su canción palpitante… cuando el disparo de un cazador vano la interrumpió… acabando en el mismo acto —también con su vida—… …En los últimos años, participando en el trabajo con Vladimir, vi a estas aves de cerca muchas veces… Una vez, al sentir el campo de mi amor, una agachadiza se detuvo en el aire a un metro de mi rostro por unos momentos. Me miró con sorpresa: ¿realmente es ella la que irradia tanto amor? Y yo, en respuesta, solo podía enviarle nuevas porciones de amor, aunque lamentablemente en la penumbra del atardecer, la cámara de video no pudo inmortalizar ese momento… Las hermosas canciones de las agachadizas, zarapitos y becacines* resuenan sobre la tierra y los ríos… y en algún lugar a lo lejos, se siguen oyendo los disparos… La «valentía» o mejor dicho «cobardía» de los cazadores —siguen interrumpiendo incontablemente las canciones de las aves y sus vidas—…
|
| ||||||||
|
| |||||||||