Cómo conocer a Dios/Contacto con los libros de Vladimir Antonov
Contacto con los libros
de Vladimir Antonov
«Cuando la persona está lista —la Fuerza proporciona el Maestro—» [6,28], decía una frase con la que me identificaba. Estaba absolutamente convencida de que así es como siempre sucede.
Solo una cuestión me confundía… leí que el «grupo del Nagual» no aceptaba a quienes llegaban hasta el queriendo participar. Al contrario, eran los estudiantes señalados por el Poder quienes eran atraídos a la Escuela mediante diversas artimañas.
Y yo reflexionaba: «¿Qué voy a hacer? Yo necesito de esta escuela… En mi vida solo quiero esto y nada más. No hace falta atraerme con ninguna astucia, solo denme una señal hacia dónde dirigirme —y llegaré volando—…»
…Para ese entonces aún no había leído el Corán y no concebía que «Dios es el más astuto entre todos los astutos»… Y cuando Él directamente puso en mis manos el libro de mi futuro Nagual, quedé tan desconcertada que… casi lo rechacé.
Sucedió así:
Los libros de Castaneda me «ensancharon las alas» hasta tal punto que empecé a llevarlos conmigo cada vez que visitaba a mis amigos, como si fueran una panacea:
«¡Hela aquí! ¡Miren! ¡La Libertad a la que todos aspiramos —realmente existe—!»
¡Pero por las reacciones de la gente, comprendí que esa Libertad parecía no serles necesaria en absoluto! Algunos leían los libros como novelas fantásticas y a muchos otros hasta les daba pereza siquiera ojearlos…
Pero yo no perdía la esperanza…
Así, una vez me encontré de visita en casa de mi amiga Anna. Nos conocimos en el estudio de cine, y aunque trabajamos juntas por poco tiempo, sostuvimos relaciones de amistad y nos veíamos varias veces al año.
Por supuesto, no perdí la oportunidad de ofrecerle los libros también a ella. Anna, los aceptó con amor y sin más me dijo que ella también tenía un regalo para mí… y puso en mis manos un librito delgado titulado «La Enseñanza Original de Jesucristo». El autor era Vladimir Antonov.
No lo ocultaré, por un momento quedé atónita. Sabía que Anna asistía a la iglesia y me pareció que esto sería algún libro ortodoxo o algún cuento sobre el «buen Diosito» al estilo de las iglesias protestantes modernas. Pero por suerte, yo estaba «bien educada» y sabía que rechazar regalos recíprocos es de mala educación, así que acepté el librito con agradecimiento. «¡Bueno, es bien delgado… pronto saldré de este impasse!» —dije para mis adentros con un suspiro.
Y mientras conversábamos Anna añadió: «¡Y te imaginas? El autor de este libro actuó en mi última película como extra!»
¡Ah, y además el autor del libro que me tengo que leer también hace de extra!… Me vino a la mente la imagen de la multitud de extras esperando aburridamente durante horas en un autobús afuera del estudio o fumando por los pasillos por un tiempo indefinido para poder participar de tres minutos de rodaje. «Sí, ciertamente cualquiera puede escribir un libro en tal estado de aburrimiento…» —pensé.
Creo que más de una vez Don Juan «se habrá ahogado de la risa» observando el curso de mis pensamientos esa noche… ¡Qué brillante manera de presentarme el libro de mi futuro Maestro! ¡Muy al estilo Don Juan!
…Por algún motivo, no coloqué el libro en la pila de «lecturas pendientes», sino que lo leí muy pronto. ¡Y con qué vergüenza vi cuán errónea y prejuiciosa fue mi primera aproximación a el y a su autor! Más de una vez me disculpé mentalmente con Vladimir…
Tras leerlo, comprendí, por primera vez en mi vida, qué es el verdadero cristianismo. Incapaz de yo separar la Verdad que yace en su esencia de la distorsión y las capas superficiales que le impusieron casi todas las iglesias modernas —toda mi vida había visto el cristianismo como a través de un cristal sucio y oscuro—…
Los dos siguientes libros de Vladimir Antonov —«Cómo conocer a Dios» y «Dios habla»— los esperaba de Anna con impaciencia. Además de la autobiografía y los extractos de experiencias personales, descubrí en ellos las citas más importantes de todas las principales Enseñanzas religiosas. ¡Hay que leer estos libros para comprender cuán valiosa es la información que para un buscador espiritual contienen!
Desde antes por supuesto, yo mantenía un interés vivo por diversas literaturas esotéricas como religión, psico-energía, curación, magia, astrología, etc. Pero nunca intenté relacionar esta información u ordenarla, de hecho —ni siquiera imaginaba que esto fuera posible—. Tenía ante mí infinidad de trozos de información que formaban como una especie de mosaico intrincado. Y al no poder ver toda esta imagen fragmentada en su plenitud, tampoco concebía qué podía llegar a hacer con todos esos fragmentos de conocimiento.
¡Acepté estos libros como un regalo de Dios! ¡El autor había compilado todo el mosaico que yo ni siquiera soñaba en armar —y se lo presentaba a todos los interesados—! Por primera vez en mi vida vi cuán hermosa es y al mismo tiempo cuán simple era la imagen que el mosaico formaba.
¡Los libros dieron respuestas a todas mis preguntas! No me daba tiempo de formular mentalmente una pregunta, cuando literalmente en unas cuantas páginas más, encontraba la respuesta. Me gustó mucho que los libros no obligan al lector a aceptar ciegamente lo expuesto, sino que al contrario, invitan a realizar reflexiones propias y a pensar por uno mismo acerca de muchos aspectos de la vida.