English Español Français Deutsch Italiano Český Polski Русский Română Українська Português Eesti 中文 日本

Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Mikhail Nikolenko
 

Cómo conocer a Dios/Mikhail Nikolenko


Mikhail Nikolenko

Infancia y juventud

Mis recuerdos de la infancia en esta encarnación comienzan desde aproximadamente los 3 años de edad. Recuerdo que entonces percibía el mundo circundante muy aguda y claramente, no menos claramente que ahora. Se trataba como de un proceso de acumulación de impresiones y conocimiento del mundo material en el que ahora me tocaba vivir. ¡Y lo que los adultos consideraban insignificante y cotidiano, podía capturar por completo mi atención de niño, pues lo encontraba por primera vez en la vida en este cuerpo!

También recuerdo el cuidado y la ternura de mamá, sus manos rebosantes de amor.

Otra persona que me abrazó y me envolvió con su amor fue mi abuela materna. Era una mujer abnegada que vivía solo para cuidar a los demás. Nunca la vi manifestar irritación, odio hacia alguien, ni defender sus propios intereses.

Mi padre también era una persona excelente. Antes de mi nacimiento trabajaba en la oficina de proyectos de una fábrica de televisores. Era un trabajo interesante y él era un especialista con buenas perspectivas de crecimiento. Al ser mis padres una pareja joven, todavía no tenían apartamento propio. Así, cuando mi padre se enteró de que tendría un hijo, decidió sacrificar su trabajo y su carrera futura, y mudarse a la ciudad donde vivían los padres de mi madre, donde estaban dadas las condiciones ideales para el crecimiento de su primer pequeño y de mi futura hermana.

Fue gracias a mis padres y a mi abuela materna que experimenté desde pequeño —amor y cariño— y pude crecer sintiéndome amado en este mundo. ¡Me regalaron una infancia maravillosa!

Recuerdo nuestras excursiones de esquí por el bosque invernal entre imponentes abetos nevados, que en días soleados impresionaba por su belleza extraordinaria… casi de cuento de hadas. Y todo mi cuerpo se impregnaba de una frescura saludable y la pureza del aire gélido.

En verano, durante los años de escuela, siempre me llevaban de vacaciones a la casa de mi abuela paterna, donde uno se podía bañar en el río cercano y broncearse al sol.

También salíamos con toda la familia de excursión a acampar junto al río. Allí nos encontrábamos frecuentemente con habitantes del bosque, en especial serpientes y erizos. Algunos los capturábamos para verlos mejor y soltarlos luego. Pero otras veces, nos llevábamos algún erizo a casa (a mí y a mi hermana nos apetecía mucho que aquel bichito viviera aunque sea por poco tiempo en nuestra casa). Ahora lo recuerdo con arrepentimiento… no considerábamos el derecho de esos seres a llevar su propio modo de vida y los inquietábamos solo para entretenernos.

El deseo y la necesidad interior de respetar a los habitantes del bosque y no inquietarlos sin motivo —llegaron a mí muchos años más tarde—.

… Dios construía claramente mi infancia conforme a Su Plan. Para ello me dio a conocer no solo el calor del amor humano, sino también las dificultades que conlleva la vida.

Una de ellas fue una enfermedad que padecí por la que me tuvieron dos años en el hospital. Para un niño en edad preescolar, fue un tremendo impacto quedar separado de la familia y aceptar que ahora viviría en condiciones totalmente ajenas y desconocidas. Pero desde el punto de vista del crecimiento futuro, resultó beneficioso, pues me proporcionó una experiencia de vida muy útil.

… Ahora veo con claridad, cómo en esta encarnación me estaba predestinado desarrollar mi vida adulta en un medio científico.

Una de mis abuelas era maestra escolar, por lo cual me enseñó a leer y a escribir a muy tierna edad. Y en el hospital devoraba libros con enorme placer, por lo que los chicos que también estaban ahí me pusieron el apodo de «profesor».

Un libro que me cautivó por esos días, fue uno que narraba sobre el cosmos y la estructura del sistema solar. Por «casualidad» lo encontré en un cajón de papeles del hospital, que había llegado hasta ahí de algún modo milagroso. Ese libro despertó inmediatamente en mí el interés por el conocimiento científico del mundo.

En la escuela donde me correspondió estudiar había excelentes profesores de matemáticas y física, enamorados de su labor. En gran parte gracias a ellos me enamoré de esas asignaturas y las estudié con placer.

Y cuando tras terminar el bachillerato apliqué para ingresar a la Universidad de Física Avanzada, cuya demanda era enorme entre los estudiantes, ocurrió otra «casualidad». En el examen oral de ingreso, los ejercicios que me planteó el examinador eran exactamente los que había analizado el día anterior en un manual de ejercicios. ¡Resultado: 5 sobre 5! Gracias a esta casualidad, superé el concurso y fui aceptado para estudiar en la prestigiosa universidad.

Más tarde me convencí muchas veces —por experiencia propia— de que cuando una persona emprende acciones que concuerdan con los Planes de Dios, avanza como sobre rieles… Todos los acontecimientos se alinean armoniosamente uno tras otro, se forman circunstancias favorables, aparecen las personas necesarias, etc. Es como un viaje en ferrocarril con transbordos, donde la llegada de un tren y la partida del siguiente están sincronizadas, y el viajero pasa tranquilamente de un segmento del camino al siguiente.

Estos «trasbordos exitosos» siguieron ocurriendo en mi vida. Durante mi carrera universitaria me tocó realizar la práctica en el Instituto Ruso de Investigaciones Nucleares, donde luego me emplearon al finalizar mis estudios.

Poco tiempo después, recibí una invitación a participar en un experimento internacional a ser realizado en el Centro Europeo de Investigación Nuclear en Ginebra. Este trabajo rodeado de una colectividad científico internacional, me dio una experiencia vital muy valiosa.

Así logré lo que soñaba desde que estaba en la escuela: me gradué en una de las universidades más prestigiosas de Rusia, me convertí en colaborador de un muy reconocido centro científico, participé en un gran experimento internacional llevado a cabo en las fronteras más avanzadas de la física moderna de partículas elementales, y hasta recibí como resultado, el grado académico de Especialista en Ciencias Físico-Matemáticas.

No obstante todos estos logros, mis aspiraciones personales no quedaron satisfechas entonces. Y poco a poco, se fueron revelando perspectivas mucho más amplias que en mi juventud ni siquiera podría haber llegado a imaginar.

<<< >>>





Únete a nosotros:

PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
 
Página principalLibrosArtículosPelículasFotografíasSalvapantallasNuestros sitiosEnlacesQuiénes somosContacto