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Lao… Íbamos hacia Lao*. El alma se deleitaba con la frescura primaveral y la pureza del bosque, se derramaba abrazando pinos y jóvenes abedules con hojas tiernas apenas abiertas… En el corazón empezaban a sonar los poemas de Lao: Caminamos Caminamos… Todo lavado por la lluvia, reluce de pureza, el bosque, al saludarnos, abre sus brazos, murmura… «¡les esperábamos!» Y caminando… el perfume de hierba fresca, del tierno follaje de mayo, inunda el espacio alrededor… Lao dice: «¡Abran el corazón, yo soy su Amigo! ¡A todos ayudaré, a fundir sus voces en la melodía del bosque, a disolverse en su armonía, a percibir la Tierra viva y abrazarla con amor!» Caminamos… ¡Amamos y estamos dispuestos, a aceptar y sostener, todo lo vivo, todo el mundo creado, en las palmas de nuestro amor sin egoísmo! Mas lo que sucedió luego, en ese lugar de poder —el ashram de Lao— fue aún más prodigioso. Lao nos mostró Su monasterio, que ahora existía en el mundo «no manifestado». … Había un lago y una bruma ligera flotaba sobre su superficie… De la niebla surgían contornos borrosos de glorietas con tejados curvados… Riachuelos con cascaditas entre rocas… Flores extraordinarias de aromas suaves y multitud de otras plantas… Matorrales de bambú… Campos de amapolas rojas cuyo calor se percibía incluso en el plano físico… ¡Un jardín tropical prodigioso, resultado de obra humana en regiones norteñas sutiles! Y de nuevo en las profundidades de los corazones espirituales sonaba una canción: Jardín en el ashram de Lao Suave perfume de flores, tibieza de pétalos, ¡prodigioso Jardín, Jardín de Amor dichoso! ¡Una ola suave y ligera, de paz te inunda, ¡prodigioso Jardín, Jardín de Amor dichoso! Muchas manos tiernas, crean y protegen, ¡prodigioso Jardín, Jardín de Amor dichoso! La Luz mana en todas partes, en ti y en mí, ¡prodigioso Jardín, Jardín de Amor dichoso! ¿Cómo encontrar el sendero al Jardín? En las Palmas de Dios se halla, ¡prodigioso Jardín, Jardín de Amor dichoso! Solo cuando el alma florezca, tu flor germinará, ¡en el prodigioso Jardín, Jardín de Amor dichoso! Así, resplandeciendo de Amor, e inspirando a la gente, ¡que florezca en la Tierra, el prodigioso Jardín, Jardín de Amor dichoso! ¡Aunque fue difícil en un punto nuestros cuerpos tuvieron que abandonar ese lugar dichoso! Pero el estado de dicha de la conciencia en el —ashram de Lao— quedó impreso para siempre en todos y me auxilia en los momentos duros… «Aprended a amar, a generar amor, a sostener en las palmas del amor todo lo vivo, plantas, animales, personas, tal como Yo lo hago», —explicaba entonces Lao desde Su Amor.
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