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Cómo conocer a Dios/Enseñanza EnseñanzaNo solo aprendíamos cosas nuevas nosotros mismos, sino que también aprendíamos a compartir los conocimientos adquiridos con otros, es decir —a enseñar—. Los estudiantes dignos de esto siempre eran muy pocos, así que a veces entre nosotros les dábamos clases a una o dos personas seleccionadas… De hecho, Vladimir no daba clases grupales desde hacía varios años. Solo unos pocos estudiantes avanzados tenían ahora la oportunidad de estudiar con él directamente, resultando que nosotros hacíamos las veces de maestros. Una de las mayores dificultades para mí resultaba ver los defectos, errores y vicios en los estudiantes. Mis «gafas rosadas» ante la vida me obstaculizaban mucho esto. Los defectos en los demás, si los notaba, me parecían insignificantes y trataba a los estudiantes con excesiva dulzura sobre estos temas, resultando en que simplemente no tomaran en serio mis palabras… Y resulta ser que —es extremadamente peligroso— fomentar el crecimiento de la conciencia en otros, estando aun activos los vicios del alma en ellos… Vladimir, por supuesto, me reprendía por esto, y Dios también, cada vez más estrictamente: «¿Realmente estás lista para servirme? »¡Pongo a Mis hijos en tus manos, para amarlos como Yo y educarlos como Vladimir! ¿Pero tú… tan solo “acariciasˮ sus vicios? »Al educar a las almas, debes asumir la responsabilidad por sus destinos. Tu cuidado por ellos no puede limitarse a darles de comer, beber, y sugerirles alguna meditación. También en el Camino a Dios está la ética, la filosofía de vida, la vida codo a codo Conmigo, y mucho más… —cualidades todas de las que debes ser un ejemplo que inspire a los estudiantes a seguirte e imitarte en todo momento—. »¡Tu actual aproximación es incorrecta, ya que solo logras hacer de “mamá permisiva”! Pretendes educar —pero no reprendes firmemente mientras guías a la vez con amor— como lo hago Yo, ni tampoco sostienes en Mis Manos toda la situación desde Mis Profundidades. »¡Mi amor no solo se basa en la piedad! Yo asesto golpes certeros a los vicios de Mis discípulos, porque sé que esto los limpia de las “cáscaras del ego” que los separan de Mí. »Entonces, ¿estás lista para asumir desde hoy la carga de la responsabilidad por los destinos humanos de quienes Yo te confío? »También, debes recordar que la plena responsabilidad por los destinos de los discípulos implica la capacidad de sentir en cada momento Mi Voluntad, la Voluntad del Creador que está dirigida al bien de cada alma. Así, Dios me enseñaba a entender a las personas, a ver la capacidad y el potencial en cada alma, a ver la aspiración hacia Él o su ausencia, a ver los vicios y la capacidad de cada discípulo para descubrirlos en sí mismo para luego deshacerse de ellos… Y me resultaba curioso que no siempre se quedaban con nosotros quienes eran más capaces que los demás —por el nivel de acercamiento a Dios que lograron en sus vidas pasadas—. Por alguna razón, quienes tenían todo fácil, no necesitaban realmente crecer de un tirón hasta Dios… Mas, sí se quedaban con nosotros quienes, sin descanso, trabajaban en sí mismos y ardían con un gran amor por Dios. ¡Esas almas, listas para luchar por su impecabilidad y llenas de amor —creo son las que realmente Dios necesita—! * * * A veces era muy doloroso tanto para mí como para todos, ver y entender que una persona concreta no podía avanzar más… Las causas del abandono en tales casos podían ser diferentes, pero lo más común era que la persona dada perdía el interés por el trabajo y se retiraba por sí misma. Para quien no es capaz intelectualmente de lidiar con sus propios vicios, o defiende su derecho a poseerlos diciendo: «¡yo estoy en lo correcto, ustedes me critican injustamente!», o no hace esfuerzos por eliminarlos —conviene detenerle la enseñanza inmediatamente—. Dios me habló de esto así: «El trabajo meditativo serio está relacionado con un rápido crecimiento de la conciencia, ligado a —una eliminación igualmente rápida de los vicios—. »Además, el trabajo de transformación de sí mismo lo realiza el propio discípulo; los Maestros de Dios solo ayudan, orientan, guían. Es el discípulo quien habiendo aceptado conscientemente el Camino, debe exponerse a los golpes de Dios, es decir, se ofrece a Dios para que lo corrija. Así, el discípulo se convierte en un aliado de Dios en el trabajo sobre sí mismo y pone el máximo esfuerzo en transformarse. Debe, “apretando los dientes”, soportar el dolor de las operaciones para extirpar las partes malvadas de su ego. Si el discípulo actúa así, podemos avanzar rápidamente. Pero si no, debemos inmediatamente poner ¡ALTO! a todo. ¡Detener inmediatamente la enseñanza! * * * Y también quisiera hablar de otro fenómeno. Personalmente lo observé solo una vez pero escuché que había sucedido antes. ¡Con qué facilidad olvidan otrora estudiantes —que no fueron ellos quienes por su propia cuenta allanaron el Camino— sino que fueron ayudados y guiados por su Maestro —de quien recibieron las técnicas más poderosas como un regalo de parte de Dios a través de él—! «Ladrón es quien, habiendo recibido dones, no responde con dones él mismo» —enseña Dios—.* Y por alguna razón algunos de repente dicen: «¡Ahora crearé mi propia metodología, Vladimir es demasiado estricto y exigente, yo ahora sé más que él, escucho, veo, y puedo hacer todo por mí mismo, y seguramente lo haré mejor!»… E inmediatamente después… o sufren un retroceso completo, o pierden todo lo logrado, o se degradan, o, como mínimo, sufren un total detenimiento de cualquier otro posible avance del alma en esta encarnación. Tal cual la rama de un árbol que tras declararse en total desacuerdo con las raíces y el tronco del árbol que la nutrieron —rápidamente se seca y deja de dar frutos—, así es como Dios detiene el crecimiento de quienes así actúan… * * * Una vez, Vladimir nos contó una parábola: «el Camino espiritual es como cruzar un río ancho y turbulento hacia la otra orilla. En este viaje, no se puede llevar en la barca a quienes en mitad del río turbulento se asusten, o recuerden que olvidaron algo, o quieran regresar, o comiencen a entrar en pánico y hundan la barca… Quienes no están listos para superar el Camino, es mejor dejarlos en la orilla y no deben ser incluidos en la barca, no importa cuánto insistan o cuánto uno quiera ayudarlos…»
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