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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
El inicio
 

Cómo conocer a Dios/El inicio


El inicio

Desde los 35 años más o menos, empecé a interesarme por la literatura espiritual, especialmente los libros de H. Blavatsky*. Me fascinaron profundamente y me llevaron a considerar al ser humano como un ente multidimensional.

Pero ¿qué hacer después y por dónde comenzar el conocimiento y la transformación de uno mismo? —en esos libros no encontraba las respuestas.

Empecé a apelar mentalmente a Dios, de cuya existencia ya no tenía ninguna duda —suplicándole me ayudara—.

¡Y la ayuda llegó!

Un día, mi hija trajo de casa de una amiga un libro de Vladimir Antonov titulado «Cómo conocer a Dios». Me impactó enormemente. De inmediato abandoné la dieta de animales muertos y pronto empecé a realizar los ejercicios espirituales allí descritos. Mi vida dejó de ser inerte y sin propósito, pasando a ganar un sentido claro, colmado de amor y gozo por el descubrimiento de las perspectivas que se abrían ante mí.

… Pronto conocí otras gentes de ideas afines. Oleg, líder de nuestro grupo, nos ofrecía al comienzo los métodos más elementales, descritos por Antonov y al alcance de cualquiera: sintonía con la armonía de la naturaleza, ejercicios psicofísicos, etc.… Todos comprobábamos en carne propia que tales prácticas eran verdaderamente eficaces y producían resultados tangibles. Solo era necesario repetirlas diariamente —hasta hacerlas habituales—.

Resultaba particularmente placentero ejecutar los ejercicios por la mañana bajo el chorro tibio de «lluvia» de la ducha. De ese modo, apenas despierta, te impregnas de amor —y puedes iniciar el nuevo día—.

Entonces comprendí con claridad y firmeza que, si no aprendía desde el inicio del Sendero espiritual a habitar en emociones de amor sutil y no me consolidaba en ello, el desarrollo correcto de la conciencia sería imposible.

Oleg nos instruía en observarnos, superar nuestras faltas, ser fuertes y resistentes, vivir en el chakra anahata y aspirar incesantemente con el pensamiento a Dios.

… Nuestras sesiones transcurrían sobre todo en la naturaleza. Al mismo tiempo, memorizábamos plantas y pájaros. De niña solo reconocía «de vista» una decena de aves, ¡pero ahora descubría que había multitud de aves habitando en multitud de nuestros bosques!

¡Fue una revelación para mí descubrir que inclusive acampando en la naturaleza, uno podía cepillarse los dientes con agua hervida en la fogata y lavarse el cuerpo entero!

Por cierto, una vez, cuando íbamos a pasar dos días en el bosque pernoctando en tiendas de campaña, una mujer de unos cuarenta años se asustó de ir con nosotros. Para ella, las condiciones de vida en un campamento resultaron un obstáculo insuperable. Así Dios apartaba del Camino a quienes eran incapaces de superar temores sencillos.

… Después de conocer personalmente a Vladimir Antonov y a sus compañeros —personas que consagraron por completo sus vidas al perfeccionamiento espiritual y a entregar el conocimiento del Sendero hacia Dios a los demás—, se me abrió la posibilidad de aprender de verdaderos ejemplos vivos de devoción espiritual.

… Tengo grabado el primer encuentro con Vladimir. Estaba inquieta, temía equivocarme en algo… Pero su abrazo gentil borró todos mis temores.

Vladimir me abrazó y besó como un ser querido que me conocía y amaba desde hacía mucho tiempo. En sus brazos siente uno como si la Infinidad te envolviera, como si un Océano tierno de Amor te recibiera en Sus aguas dulces —y uno se disuelve en ese Amor—.

Lo observaba. Él siempre estaba sereno y en paz. Cuando te mira, ¡es el Amor en persona quien te mira! Puede ser severo al señalar errores, pero no hay forma de ofenderse, porque siempre es justo. Es delicado y atento, siempre halla palabras afectuosas al hablarte. Nunca pierde de vista a nadie, recuerda lo esencial de cada uno. En invierno, en el bosque, sacude la nieve de nuestras chaquetas para que no se cuele a nuestro cuello; en nuestras travesías y en pasadizos estrechos, siempre se hace a un lado y se detiene para ceder el paso.

Siempre viste con sencillez, sin nada innecesario. Las prendas le duran muchísimo, nada se tira hasta estar totalmente desgastado, es decir hasta que —como él bromeaba con términos médicos— no se produzca su completa desintegración tisular.

A mí, y seguramente a cada uno de nosotros, siempre me pareció que era a mí en particular a quien él prestaba atención especial, procurando enseñarme no solo a sentir el Amor, sino a vivir en él: manifestarlo al mundo, saturar con él todo el cuerpo, sonreír siempre desde el anahata, vivir con gozo.

Y si de repente una oleada de Amor me arrollaba —al instante sabía que era él quien me observaba y me apoyaba—.

… Durante el aprendizaje hubo muchos episodios en los que uno podía reírse de sí mismo.

En una ocasión, a inicios de primavera durante la inundación, debíamos cruzar un río crecido. El agua superaba con creces nuestras botas. ¿Qué hacer?

Hasta que Vladimir dijo tranquilamente:

«No pasa nada, nos quitamos las botas y pantalones —y cruzamos—.»

Ya teníamos experiencia de bañarnos en agua helada, pero tal solución no se me habría ocurrido ni en sueños. Y a alguien, tal vez, lo habría frenado del todo…

Cruzaríamos muchas zonas anegadas muchas veces del mismo modo.

… Una vez pasábamos cerca de un lugar del que en el vídeo «Lugares de poder. Tres etapas de centrado»* se mencionaba que allí crecían setas incluso antes de la primavera. Era justamente primavera, mediados de mayo. Aún quedaba nieve sin derretir en algunos huecos. En la franja central rusa en mayo ya es casi verano, pero en las latitudes norteñas la primavera se retrasa un mes. Me propuse firmemente a no creer de nadie que se hallaban setas fuera de temporada si no las veía con mis propios ojos. ¡Y qué sorpresa la mía al encontrar yo misma en un viejo tocón grande cubierto de musgo verde —una joven familia de setas recién nacidas—!

¡Dios verdaderamente realiza milagros —para derribar los patrones humanos de percepción del mundo—!

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