|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Cómo conocer a Dios/Amor a la naturaleza Amor a la naturalezaLa belleza de la Tierra… decir que no la notaba antes sería equivocado. ¡La notaba y me deleitaba con ella! Me deleitaba con el reflejo del Sol en los charcos primaverales. Me entusiasmaba la transparencia azul del cielo, la alfombra dorada susurrante bajo los pies en otoño… Mi ojo siempre advertía algo sorprendente y hermoso —e intentaba fijarlo—. Pero no sabía disolverme en esa belleza sintonizándome con ella. La observaba desde fuera, puramente desde el chakra de la cabeza, ajna. Al mirar desde ahí se puede ver la belleza, disfrutarla visualmente —pero seguimos separados de ella—. Mientras que el valor espiritual precisamente es la fusión con ella. Antes de mi discipulado, consideraba que tenía buen gusto artístico, apreciaba la estética de la naturaleza y creía entenderla bien. Pero tuve que reflexionar más seriamente sobre este tema después de una de nuestras salidas al bosque. … Ese día nos detuvimos en la orilla de un río forestal. Era el comienzo de la primavera y todo estaba inundado de luz solar. Y entonces veo que por el río, balanceándose ligeramente en la corriente, flotaba un bellísimo tulipán rojo. Inmediatamente se despertó en mí mi esteticismo pasado y me quedé admirando involuntariamente esta imagen bella para mí —la flor carmesí flotando en el río transparente y alrededor orillas cubiertas de nieve deslumbrante—. Me sacó de la contemplación de esta «bella» imagen el comentario de Vladimir: «Ahí flota un hermoso pequeño cadáver…» … Tras esta lección, recibí otra más contundente de parte de Vladimir. Cada vez que estábamos en el bosque, Vladimir nos familiarizaba con las aves: cómo cantaba cada una en primavera y cómo se llamaban. Por supuesto me parecía entonces que este aspecto de nuestro trabajo era interesante, pero no fundamental. Y no dudaba que de todos modos nunca podría yo distinguir un pinzón de un petirrojo o de un mirlo. Hasta que un día de primavera, con un bullicio de aves alrededor, Vladimir preguntó: «Bueno, ¿qué pajarito canta ahora?» Por supuesto, nadie pudo identificarlo. Solo nos encogíamos de hombros o intentábamos adivinar, mientras Vladimir nos escudriñaba con su mirada. Debido a esto, esperaba la siguiente primavera con cierto temor: «¡Ay ay, pronto llegarán los pajaritos y empezarán a cantar todos!» Y en efecto, pronto llegaron y empezaron a cantar. Al principio Vladimir se reía de nuestra ignorancia, ponía «malas notas en el karma» y exclamaba: «¡Qué Dios saldrá de ustedes si ni siquiera pueden aprenderse los nombres de unas pocas aves? ¡Sepan que Dios conoce a cada una de Sus criaturas!» Pero yo no podía entender por qué era esto tan importante. Hasta que un día en que volví a confundir un mirlo con un petirrojo, Vladimir me dijo: «No sé si podré seguir comunicándome contigo… ¡Todas estas aves son mis amigas! Todos estos años que he caminado por estos senderos forestales en la búsqueda de Dios, han estado conmigo acompañándome. ¡Realmente no sé cómo seguir contigo si no amas ni respetas a mis amigos!… Esto me cayó como «un baño de agua fría», lloraba sin entender en qué había fallado. ¡Yo amaba a las aves! ¡Amo escuchar cómo cantan! ¿Por qué Vladimir dice que no las amo? Lloré hasta que comprendí que, si realmente las amaba, ¿por qué no me tomaba la molestia de entenderlas y de conocer a quién amaba exactamente? ¿Por qué no las reconocía por sus nombres? Me arrepentí sinceramente y me puse a aprender sobre las aves. Pasó no recuerdo cuánto tiempo, hasta que un día, yendo por un camino forestal oí un trinar e inmediatamente me dije —en algún lugar lejano canta suavemente un mirlo negro—. ¡No hay palabras que puedan describir la alegría que me llegó con ese trinar! Por primera vez en mi vida yo misma oí y reconocí el canto de un ave, y no fue el canto de algún pajarito abstracto, sino que logré precisar el canto de un mirlo negro. Luego oí y reconocí sin vacilar el cantar de un pinzón. Y cerca, alegremente a la manera primaveral, el «titmuseo»* de un herrerillo. La primavera florecía, las aves eran cada vez más, y por fin comprendí cuán importante es amar a todos tus amigos y saber sus nombres. El trinar del bosque dejó de ser solo un fondo agradable para mi trabajo. Y cuando aprendí a distinguir las aves, estas «nacieron» de verdad en mí, convirtiéndose en mis queridas y buenas amigas. Así, gradualmente, paso a paso, comprendía lo que significaba —el auténtico amor a la naturaleza—, el cual solo puede provenir de un corazón que se esmera por entender acerca de su amado. Al convertimos en corazones espirituales —las manos del alma se esfuerzan por abrazar y acariciar todo lo vivo—. Nos transformamos en amor que se derrama hacia fuera, que busca cubrirlo todo, fundirse con la pureza y delicadeza de la armonía que nos rodea. Solo entonces es comprende que todo alrededor está vivo. ¡Cada pajarito, cada hierbecilla, cada florecilla, cada arbolito —son almas vivas que responden a tu amor—! Solo conociendo y amando precisamente así podemos seguir adelante. Es imposible fluir hacia Dios, unir los corazones con Él si no hemos aprendido a amar a todos Sus hijos, a toda Su Creación. Y así, nos enseñaba Vladimir —que solo aprendiendo a amar la Creación se puede realmente aprender a amar al Creador—. * * * Y también quiero decir unas palabras sobre la esencia misma del amor. ¿Qué es el amor? En la infancia y la juventud me rodeaban muchas personas que decían que me amaban. Pero notaba que el amor de algunos daba alegría, por ejemplo, una de mis abuelas era atención pura y cariñosa por todos nosotros. Mas el «amor» de otros, en cambio, oprimía, ahogaba, presentaba exigencias interminables… Yo tenía mis propias opiniones sobre esto, pero Vladimir me dejó impresionada una vez con la precisión y claridad de sus formulaciones: «La mayoría aplastante de la gente entiende por amor —sus propios antojos—. Amar para ellos es adueñarse de algo o alguien. ¡Esto incluso se introduce como algo bueno a muy tierna edad a través de la llamada literatura «clásica»! ¡Lamentablemente es precisamente de esta forma que se enseña sobe el «amor» a los niños en las escuelas! ¡Pero esto es absurdo! ¡Amarse solo a sí mismo es justamente lo contrario del amor! ¡El vector del amor auténtico se dirige desde adentro hacia afuera, nunca hacia uno mismo! El amor es una donación, la entrega de uno mismo, autosacrificio, ¡no la demanda de algo de los demás para uno! … Pero es precisamente con ese anti amor egoísta que muchos pretenden amarse entre sí, incluidos la naturaleza y sus criaturas…
|
| ||||||||
|
| |||||||||