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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Sattva
 

Cómo conocer a Dios/Sattva


Sattva

… Hubo muchas salidas más: nuevos lugares de poder, nuevas meditaciones, encuentros inolvidables con los Divinos Maestros.

No describiré en detalle todas nuestras salidas. Solo hablaré de las impresiones más vivas de aquel período. Comprendí que había hallado el «paraíso perdido». ¡Era como si hubiera vuelto a mi mundo natal, donde solo se puede ser natural y sincera, donde cualquier «cáscara» externa parece una caricatura! Experimenté un alivio enorme al desprenderme de la «armadura de hierro» que había llevado por tantos años. ¡Fue como un segundo nacimiento…!

… Cuando ahora intento sintonizar con aquel tiempo, me veo… como un bebé recién nacido que entrecierra los ojos de felicidad. Dios parecía tomarme en Sus brazos y llevarme, mostrándome un mundo nuevo y desconocido, completamente diferente de aquel del que antes me defendía.

Era la etapa del despertar, de abrirme al encuentro con el Amor, de acoger en mí lo bello y puro que antes no notaba.

Pero era solo el comienzo del Camino —cuando simplemente uno gira el rostro hacia Dios, lo nota, le extiende los brazos—. Él derramaba sobre nosotros cascadas de Luz dorada, nos inundaba de un deleite bienaventurado, como una madre amorosa cubre a su hijo de besos interminables por la primera sonrisa, por cada paso aún inseguro, por cada palabra que intenta balbucear.

¡Fue el tiempo del super sattva, que me arrasó completamente! El sattva es esa hermosa etapa en la evolución de toda persona desde la cual comienza la Senda hacia Dios. Solo fortaleciéndonos en ella podemos seguir adelante.

… ¡Sattva! se convierte en una hermosa plataforma para los próximos pasos en el Camino hacia el conocimiento directo del Creador. Pero también puede convertirse en una trampa. Ofrece una felicidad extraordinaria —y al mismo tiempo genera una peligrosa calma—. Ahí se vive tan bien, tan alegre y gozoso, sobre todo si no estás sola sino con personas como tú… ¡Como si un trozo de paraíso hubiera caído a la Tierra y cubriera todo con un velo rosado y perfumado!… Y parece que ahí está —¡la felicidad eterna, el éxtasis…!

Pero Dios espera de nosotros mucho más. Y, a medida que crecemos, debemos dejar de ser «niños maravillados» y transformarnos en Aquel en cuyas Palmas nos deleitamos.

Muy pronto Dios me recordó que —si iba a recorrer este Camino hasta el final— no tenía derecho a «quedarme pegada» al estado de sattva, sino que debía usar esto como plataforma de lanzamiento para la siguiente etapa del Camino. Y para que lo comprendiera, Dios tuvo que causarme dolor, hacerme pasar por la desesperación… Pero por esas lecciones le estoy agradecida quizá más aún que por los torrentes de dicha que derramó sobre mí al comienzo…

… Enamorada del sattva, dejé de trabajar a pleno rendimiento. Empecé a sentirme como una niña en una fiesta sin fin… bosque primaveral centelleante, trinos de pájaros, alegría, felicidad, risa…

Vladimir repetía muchas veces que, si en algún momento llegaba a aparecer en nosotros un estado de satisfacción con uno mismo, un estado de tranquilidad… eso significaba en realidad —un alto en nuestro desarrollo—. Nos recordaba una y otra vez que el estado de sattva es maravilloso, ¡pero que no debíamos apasionarnos por esto! Solo debía ser la base desde donde hacer nuestro trabajo. ¡Pero yo parecía no escuchar esas advertencias! Y si las escuchaba, no las relacionaba con mi sentir…

… Mas de repente… empecé a sentir una pérdida de fuerzas, sentía que apenas lograba realizar las nuevas meditaciones…

Y cuando me quejé de ello a Vladimir, oí en respuesta:

«Necesitas hacer una pausa. No te lo digo como reproche. Pero ahora no podrás contener más conocimientos. Tu “olla”, por decirlo así, se llenó, y hasta que no “digieras” lo recibido no podrás seguir adelante. Igual, ven con nosotros al bosque unas cuantas veces más para afianzar el material anterior… y eso será todo. Si ahora te damos nuevos conocimientos podrías enfermarte».

Todo lo dijo muy suave y tiernamente. Pero para mí cada palabra sonaba como un trueno, como un veredicto.

Con todas mis fuerzas intentaba contenerme. Aquella velada se alargaba eternamente, y lo que más deseaba era quedarme a solas con mi pena. Dentro parecía romperse alguna cuerda, y solo un pensamiento me perforaba: «Bueno, ya está… ¡Todo ha terminado!».

Además, entendía que si me apartaban del trabajo meditativo, esto significaba que me quedaría totalmente sola. Que ya no vería nunca más a ninguno de ellos…

Solo por la mañana siguiente pude reflexionar con claridad sobre mi situación. Y, cosa curiosa, no lloré, sino que decidí no solo aceptar mi destino… sino aceptarlo como desafío, como enseñaba Don Juan Matus. Y entonces comprendí que nada había cambiado, porque cualquier evento en el plano físico ya no cambiaría lo esencial. ¡Ya había encontrado mi Meta, el sentido de mi vida! ¡Había elegido el Camino que conduce a Dios! ¡Sola o acompañada, de todos modos lo seguiría!

Y comprendí en ese momento que el único apoyo en este Camino es Dios. Me di cuenta de que debía agarrarme no a las personas encarnadas, sino solo a Dios, ¡y con «las dos manos»!

Y en el mismo momento en que lo comprendí, Dios se manifestó para mí. ¡Nunca antes lo había sentido tan Vivo y Real! Era tan cariñoso… Contestaba todas mis preguntas, sonreía, bromeaba. ¡Y las meditaciones que ayer no me salían, ahora —de repente— fluían fáciles y naturales!

… A los dos días tuvimos otra salida al bosque. Sentía un extraordinario flujo de nuevas fuerzas, ¡porque estaba con Dios y Dios estaba conmigo! Venía Sathya Sai Baba y me mostraba cuán fácil era penetrar en las capas Brahmánicas Ígneas… Y aunque el día estuviera gris y encapotado, yo veía perfectamente Su Luz Blanca de Fuego. Venía David Copperfield y, permitiéndome fundirme con Él, me llevaba como por un túnel de ascensor a los mundos de protoprakriti, protopurusha… Sentía que me sumergía en una tierna y densa Calma y veía estrellas titilantes que parecían ondear suavemente… Y cuando abría los ojos físicos, veía a Vladimir que, pasando cerca, me echaba una mirada…

Al final del día dijo:

«No sé qué hiciste contigo misma, pero hoy todo te sale muy bien. ¡Prepárense las dos, dentro de un par de días empezaremos una nueva etapa de trabajo!»

¡Anna y yo dábamos saltos de alegría!

… Y otra vez tenía razón Don Juan: lo mejor de nosotros se manifiesta cuando estamos «arrinconados contra la pared». Precisamente cuando parece que todo se perdió, y no hay nada de qué agarrarse, de pronto aparece el «segundo aliento» y de repente sientes la Fuerza que surge de quién sabe dónde. Y esa Fuerza es Dios.

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