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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Océano
 

Cómo conocer a Dios/Océano


Océano

Los lugares de poder sobre los espacios marinos siempre me ayudan a dar a los brazos de la conciencia un vasto alcance, pureza, ternura y aspiración —cualidades sin las cuales no se puede entrar en el Océano del Primordial.

Un mar… inmenso, sereno y sutil… olas que sin cesar corren hacia la costa haciendo susurrar arena y piedrecillas —generan un ritmo permanente, una melodía única—… en la cual como unida a ella, van naciendo las líneas de los poemas del Divino Manuel, parecidas a las olas que se aproximan:

Conviértete en río, conviértete en Océano

Vuélvete río…,

vuélvete el río que fluye…,

vuélvete el río que va al Océano,

vuélvete sus aguas de amor puro y delicado…


Hazte Ola…,

Hazte la Ola, que una tras otra,

manifiestan por Sí Mismas

el Océano del Amor Universal Eterno…


Así te convertirás en el Océano de Mí,

que vive creando islas de Vida en Sí mismo,

para amar…,

ríos, estepas, bosques, y…


Personas…,

esas personas que crecen,

y al igual que los ríos, llevan al Océano,

las aguas del amor puro y tierno…


¡La conciencia se extiende libre y ligera sobre los espacios marinos!

Los estados meditativos que se expresan en versos —con frecuencia— tienen un efecto más fuerte y se imprimen más profundamente en mí. Aquí, más de lo que me dictó Manuel en Su lugar de poder «marino»:

¡Transfórmate en Océano!

El mar… suave murmullo del oleaje,

niebla antes del alba…,

el mar… ola tras ola,

te envuelve …

¡Disuélvete en la niebla!

¡Toca el horizonte! ¡Hazte Luz!

¡Expándete sobre el mar!

¡Surge como el Sol sobre la tierra! ¡Y resplandece!


Mar… ¡Mar de Luz, de Amor!

¡Y en los Cielos!…,

el Sol… El Sol de Dios* te ayudará,

¡a penetrar en el Océano!,

el Océano Primordial,

¡el Océano de Amor Sin Fin!

E impulsándote desde la tierra sólida,

¡llega hasta Él!

Llena de Amor, extiéndete incesantemente,

abriendo tus brazos… ¡hacia las profundidades, hacia las alturas!

¡Disuélvete por completo,

y transfórmate en Océano!

El mar… ¡el Mar de Luz domina en los Cielos!

El Océano Primordial,

mece con ternura a la Tierra,

en Sus inmensos Brazos…


¡Es asombroso!… Antes había estado varias veces en el Mar Negro, pero lo que ahora emergía en el alma aquí, en estos lugares de poder —tan entrañables, tan conocidos— despertaba recuerdos de una vida anterior… La conciencia empezaba a rememorar aquella habilidad cultivada tiempo atrás, —armonizarse con el sattva de la naturaleza, disolverse en las ilimitadas extensiones del mar y del cielo, que brillaban con luz dorado-rosada—.

Lo comprendí con mayor claridad —como un estallido desde la memoria profunda de la conciencia— después de leer el capítulo sobre la Dama Danesa* Gott en el libro [6].

¡Sí, yo la conozco! Recuerdo su cuerpo alto y esbelto, bastante más alto que el mío. Probablemente entonces yo era una niña pequeña… Su cabello largo liso recogido hacia atrás en un peinado sencillo. También reconozco su carácter severo, pero justo. ¡Ella —ama con sabiduría, de manera verdadera—!

Sí, en una vida pasada fui su discípula… Y ahora empiezo a recordar sus enseñanzas…

… Sin saberlo conscientemente, siempre recurría a la energía limpia y luminosa del agua para restablecerme después de impactos energéticos adversos…

… Y cuando empecé las prácticas espirituales, me era sencillo sintonizarme con la armonía de la naturaleza, llenar con facilidad el cuerpo de luz dorada transparente y lavarlo «con esponjas» de luz desde fuera y desde dentro, apaciguando emociones y mente…

… La profundidad con que se percibe el Océano de la Conciencia Primordial varía conforme crece la conciencia. Hoy, puedo sentir en meditación el Océano del Creador que me envuelve por doquier. O bien, fusionándome con Él, atravieso libremente mi capullo energético y el cuerpo que en él se halla…

Cuando el alma crece en su anhelo hacia el Creador, se transforma en Unidad Cosubstancial con Él…

Ahora, debo esforzarme para jamás separarme de Él…

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