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Cómo conocer a Dios/Conclusión ConclusiónGrito del corazón (poema) Encerrada en la pesada carne, un grito de ayuda se ahoga en mi pecho… No puedo agitar mis fuertes alas… —¡Mi Salvador! ¡Libérame! Él viene y me mira cariñosamente, diciéndome: —¡Ya estás salvada! »¡Aquí no hay prisión ni jaula! »¡Mira, ni cerradura ni llave! »¡Eres un pájaro libre, recuerda! »¡Tu vuelo es alto y hermoso! »¡Un aleteo y estás en Libertad, lejos de toda desgracia!» Mis ojos se iluminan con esperanza: ¡En un instante volaré de aquí! …Pero me hundo en el fango, como antes… Ni siquiera puedo dar un paso… —¡Te burlas de mí, Maestro! »¡Ayúdame, mi alma está enferma de dolor! »¿Cómo alcanzar la Morada de la Libertad?» —Está más cerca que la punta de tu ala… »¡¿No puedes…?! Eres un pájaro libre, »pero te sujetas tú misma por la cola… »Quien no está enamorada de la Libertad, »aún no ha madurado para la Libertad! Aturdida por Sus palabras de verdad, por fin comprendí a Mi Señor: «El permiso para la Libertad, tiene que venir de mí misma.» (noviembre 1997)* Este «poema de desesperación» lo escribí al principio mismo de mi participación en el trabajo con Vladimir. Y ahora, después de solo unos años, Vladimir de repente me lo recordó: «Mashenka*, ¿recuerdas que Dios te dijo una vez que la Libertad se puede buscar y encontrar… “más cerca que la punta del ala”? Fíjate, ¡esto se ha cumplido por completo en tu vida hoy! La Morada del Creador llena completamente tu cuerpo, ya no necesitas ni extender los brazos ni las alas para entrar en la Fusión completa con Él.» … El cuerpo de cada uno de nosotros, humanos, es como un pequeño islote en el Océano Infinito del Absoluto Universal. Pero casi todos vivimos sin notar la Grandeza de esa Infinitud que nos rodea por todos lados, ya que el mundo material es demasiado atractivo y brillante, nos absorbe completamente —y nos disolvemos en el trabajo, la familia, los entretenimientos y los apegos—. Así, vivimos ciegos hasta que alcanzamos cierta madurez del alma. Y entonces se puede abrir ante nosotros la Verdad —¡que existe el ser humano y que existe su Creador!—, y que la Fusión con Este Padre es el sentido supremo de la vida de cada alma. Desde este momento comienza el Camino espiritual propio de cada uno de nosotros. Poco a poco volvemos los ojos del alma hacia el Creador. Luego, lavamos los vicios del alma y limpiamos el «islote» de basura inútil e innecesaria. Para después crecer —purificados y limpios—. Y cuando este proceso alcanza el grado suficiente de completitud —aparece la posibilidad de deslizarse del «islote» y empezar a sumergirse cada vez más profundo en el Océano del Amor Divino y de la Libertad Infinita—. Al principio nos parece que el Camino hacia la Libertad es infinito. Pero cuando, finalmente, te fundes con Ella —comprendes que Ella siempre estuvo a tu lado—. Y la frontera que toda la vida te separaba de Ella era «no más gruesa que una hoja de papel fino»*… «más cerca que la punta de mi ala»…
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